Armando Castellanos: el hombre que devolvió a los osos andinos a la libertad

Armando Castellanos, biólogo ecuatoriano rescate y rehabilitación de Osos Andinos

Armando Castellanos: el hombre que devuelve osos andinos a la libertad

Armando Castellanos, investigador ecuatoriano de sonrisa profunda, es reconocido a nivel mundial por haber logrado el mayor número de reintroducciones exitosas de oso andino (Tremarctos ornatus): cerca del 70% de éxito. Preside la Andean Bear Foundation (Fundación Oso Andino) y dirige el Proyecto Grandes Mamíferos del Parque Nacional Cayambe Coca, Zona Alta. Su trabajo, más que una línea de investigación, es una convicción: devolver vidas al bosque.

En 2010, el entonces Ministerio del Ambiente de Ecuador le encomendó elaborar la Estrategia Nacional de Conservación del Oso Andino con una meta a 15 años. El punto de partida fue tan desafiante como revelador: “los campesinos sacaban los osos de la vida silvestre porque pensaban que un cachorro solo en el bosque era un oso abandonado por su madre”. A partir de ahí, Castellanos y su equipo emprendieron un proceso educativo sostenido que transformó percepciones y frenó la extracción de crías, mientras se avanzaba en la rehabilitación de individuos víctimas del tráfico o rescatados en situaciones de riesgo.

Oso andino (Tremarctos ornatus) en su hábitat, junto a excrementos como señal de presencia en el ecosistema.

Ecuador aprendió —y cambió— más rápido

Para 2015, Castellanos rehabilitó el último oso que tenía en proceso y lo reintrodujo a los dos años. “Desde entonces ya no me dedico a rehabilitar osos, porque los campesinos ya no los sacan del bosque y del páramo.
Sólo trabajo con animales en conflicto por depredación de ganado
”, explica. El aprendizaje fue duro, pero honesto: 25 osos regresaron a la naturaleza con radiocollares VHF primero y luego dispositivos Iridium/GPS para seguimiento satelital. No todos sobrevivieron —algunos murieron por hambre o parasitismo, uno fue depredado por otro oso—, y esas pérdidas se convirtieron en decisiones técnicas más exigentes y protocolos más finos.

La idea central que repite Castellanos es contundente: si un oso puede volver a la vida silvestre, debe volver. Mantenerlo en cautiverio sin necesidad “es matarlo en vida”. La tarea, insiste, requiere voluntad, respaldo
institucional y una condición logística clave: liberarlo lo más lejos posible de la gente.

Oso andino (Tremarctos ornatus) de frente, retratado en su hábitat natural de bosque andino.

Cómo se reintroduce un oso (sin bullets y con bosque)

En la trastienda de cada liberación hay meses —a veces años— de trabajo silencioso. La dieta es el primer pilar. En cautiverio, los osos suelen preferir frutas dulces; es lógico, son fáciles y palatables. Pero en el páramo o en el bosque húmedo nadie les servirá una bandeja. Por eso, durante la rehabilitación deben comer exactamente lo que habrá afuera: puyas, bromelias, bambú. No es un capricho; es memoria ecológica. “Si un oso es liberado y no come lo que hay fuera del encierro, es un oso muerto”, resume Castellanos.

El segundo pilar es el encierro temporal. No son “hoteles” para osos, sino espacios de transición que imitan el hábitat definitivo: vegetación nativa del sitio de liberación, árboles para trepar, plataformas, agua corriente y
sustratos del terreno real. Lo ideal —dice— es construir el encierro en el lugar mismo donde será liberado, para que, llegado el momento, solo haya que abrir la puerta.

La tercera pieza es radical: cero contacto humano. El olor de la gente no debe asociarse a comida, jamás. Un oso que acepta la presencia humana es un oso en riesgo. Por eso el equipo trabaja a distancia, en silencio, con rutinas estrictas de ingreso y manejo, reduciendo al mínimo la interacción y evitando por completo cualquier forma de impronta.

Una decisión ética (y técnica)

Pedir fondos para rehabilitar osos y no liberarlos —advierte— es condenarlos a una vida sin vida”. Por eso también sabe decir que no. Desde Francia le ofrecieron financiar la rehabilitación de un oso con 20 años en cautiverio. Se negó: liberarlo habría sido, en la práctica, una sentencia. En cambio, el individuo más viejo que sí liberó tenía 5 años; tardó dos años en reaprender el bosque y salió por su propio pie. “Lo logramos”, recuerda con orgullo.

“Un oso no es un león”: por qué el cautiverio no es opción

Tener osos en cautiverio es una ecuación casi imposible. “Es más fácil tener mil leones que un oso”, dice. Rompen, escapan, aprenden rápido; nada los mantiene ocupados mucho tiempo. Por eso, cuando llegan a manos de su equipo, el reloj empieza a correr en sentido contrario al encierro: lo antes posible, de vuelta al monte.

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Entrevista

Natural Press le preguntó a Armando Castellanos, el rehabilitador de osos, sobre algunos casos que se han venido presentando en el país y sus respuestas fueron contundentes.

NP Considera que dos osos que están en cautiverio desde los dos meses, traídos del Putumayo, ¿podrían ser devueltos a la vida silvestre?

AC Si son capaces de comer lo que van a encontrar en el bosque y lo reconocen sí, yo lo intentaría.

NP En Colombia dos osos fueron capturados por conflicto, uno de ellos fue liberado y otro permanece en cautiverio con el fin de no generar más problemas ¿qué opina?

AC Su versión de los hechos no la creo, nadie puede atrapar un oso, llevarlo a un encierro y que no se haga pedazos. Someter al animal a la anestesia, al estrés de capturarlo, meterlo en una jaula y cuando el animal despierta ya es demasiado, si es un animal grande va a destrozarse en el encierro, la verdad no conozco un caso como ese. Sólo el hecho de capturar un oso silvestre es ganarse la lotería.

NP ¿Conoce algún oso que le hayan puesto prótesis dentales de oro dentro de su proceso de rehabilitación?

AC Risas, nunca había escuchado algo como eso, es descabellado cómo para quitarse los pelos como dicen. Sólo he escuchado que usan dientes de titanio en perros de pelea y osos de circo pero nunca en la rehabilitación de un oso.

NP ¿Hay varios osos en Colombia con fines de liberación, conoce algunos casos?

AC Me han consultado muchas veces y desde hace tanto tiempo que ya perdí la fe que esos animales hayan sido liberados. Aquí el punto es que quieran liberarlos. Todo está en la voluntad política y el deseo de hacerlo.

Cerrar el círculo

La historia de Castellanos demuestra que la conservación también se escribe con equipo, aprendizaje y comunidad. Que una guía técnica puede nacer de prueba y error. Y que la libertad —cuando es posible— no
es un gesto romántico, sino el indicador más honesto de que hicimos lo correcto.

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