Por Alesandros Glaros, Universidad de Guelph; Emily Duncan, Universidad de Guelph; Evan Fraser, Universidad de Guelph, y Lisa Ashton, Universidad de Guelph
El mundo enfrenta una grave crisis alimentaria en la que tanto la obesidad como el hambre aumentan en un contexto de cambios ambientales acelerados. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha propuesto fuentes alternativas de alimentos —como las algas marinas y los insectos— como posibles soluciones a esta crisis.
Muchos científicos y formuladores de políticas públicas consideran que si los consumidores adoptaran dietas basadas en algas e insectos, estos problemas podrían resolverse. Pero, ¿es esa realmente la historia completa?
Como investigadores en seguridad alimentaria de la Universidad de Guelph y del Arrell Food Institute, nos acercamos a estas afirmaciones con cautela y a la luz de la evidencia científica disponible.
La Comisión Europea define los alimentos novedosos como aquellos sin una historia de consumo establecida en una región determinada. Estos alimentos han cobrado protagonismo por su potencial para responder simultáneamente a los objetivos de salud humana y planetaria mediante la transformación de las dietas. Tres ejemplos que han ganado popularidad en los últimos años son: la carne cultivada en laboratorio, la crianñza de insectos y la acuicultura de algas marinas.
Producción experimental: la carne de laboratorio
La proteína cultivada se popularizó en 2013 cuando el cofundador de Google, Sergey Brin, invirtió 250.000 euros para crear una hamburguesa de tejido muscular cultivado. Desde entonces, la empresa People for the Ethical Treatment of Animals (PETA) y otras organizaciones han respaldado activamente esta tecnología.
Sin embargo, la mayor parte de las carnes cultivadas actualmente se producen en una mezcla de aminoácidos, factores de crecimiento, azúcares y sales derivadas de sangre bovina fetal, y la ciencia aún no ha encontrado un método eficiente libre de componentes animales para el cultivo de tejido muscular.
A pesar de esto, la carne cultivada tiene un potencial significativo como alternativa a la proteína animal que requiere matanza. Ofrece al consumidor una opción con menor huella de tierra y agua. Además, las «biorefinerías» de carne cultivada podrían adaptar fácilmente su contenido nutricional para satisfacer una variedad de necesidades dietéticas, e incluso se habla de crear sistemas de cultivo de carne a escala doméstica.
El sector de la carne cultivada ha enfrentado resistencia de la industria ganadera tradicional, como quedó en evidencia en el debate sobre su comercialización como un tipo de carne. Aunque es menos intensiva en tierra y agua que la ganadería convencional, su producción requiere importantes insumos energéticos.
Para que la carne cultivada sea una opción verdaderamente sostenible desde el punto de vista ambiental, es necesario avanzar en la descarbonización de la energía utilizada para alimentar estos laboratorios. Varios estudios han explorado el potencial de mercado de la carne cultivada. Los resultados hasta ahora son prometedores, aunque persisten barreras importantes relacionadas con el sabor, la salubridad y el costo del producto.
Entomofagia: los insectos como alimento
Los insectos constituyen una parte relevante de la dieta en muchas regiones del mundo y son cada vez más reconocidos como fuente de proteína sostenible para el futuro. La granja de insectos más grande de América del Norte está ubicada a menos de dos horas de Toronto y produce una variedad de polvos de grillos, harina de gusano de la harina y bocadillos de insectos enteros.
Los insectos son una de las fuentes de proteína más prometedoras: producen la misma cantidad de proteína que las aves de corral, la res y el cerdo convencionales, pero con muchos menos requerimientos de alimento. Estudios estiman que los insectos requieren 25 veces menos tierra para su cría que el ganado bovino convencional, la mitad de la energía y un tercio del agua.
Desde el punto de vista nutricional, numerosas especies de insectos son ricas en proteínas clave, micronutrientes y minerales, aunque sus perfiles nutricionales varían considerablemente según la etapa del ciclo de vida del insecto.
El cultivo de insectos a gran escala requiere fuentes de alimento seguras (una mezcla de vegetales, frutas o granos), así como tierra, energía y recursos hídricos. Los residuos orgánicos pueden usarse como alimento para insectos destinados al consumo humano. Sin embargo, los investigadores aún tienen incertidumbres sobre si los insectos criados con estos residuos acumulan micotoxinas —compuestos tóxicos producidos por algunos hongos—.
¿Un toque de algas marinas?
Las algas marinas son un componente arraigado de muchas dietas del este de Asia y tienen múltiples usos potenciales como alimento humano, pienso animal, bioenergía y agentes espesantes como el agar y la carragenina. En 2015, la producción mundial de algas ascendió a 30,4 millones de toneladas en peso húmedo, con un importante potencial productivo en las aguas litorales de América del Norte, Europa y Australia.
Al trasladar gran parte de la producción agrícola al entorno marino, el impacto de la agricultura sobre los recursos terrestres, la biodiversidad y el ciclo de nutrientes podría reducirse significativamente. El cultivo de algas no utiliza agua dulce y puede desarrollarse en regiones costeras áridas.
Las algas cultivadas intensivamente absorberían una cantidad significativa de carbono del agua del océano, además de absorber el exceso de nutrientes liberados por la agricultura terrestre tradicional. Diversas variedades de algas cultivadas de forma selectiva aportan un amplio rango de micronutrientes y vitaminas, y tienen un perfil protéico similar al de la soya.
No obstante, la acuicultura de algas, al igual que otras formas de agricultura vegetal, conlleva el riesgo de favorecer la selección de pocas variedades de alto rendimiento. La reducción de la diversidad de cepas puede aumentar la vulnerabilidad de los sistemas de cultivo frente a las plagas. Además, los sistemas de cultivo intensivo pueden afectar negativamente el funcionamiento de los ecosistemas locales, aunque los sistemas integrados de algas y maricultura pueden albergar una gran abundancia de vida acuática. Si bien las algas son un alimento básico en muchas dietas del mundo, su potencial sigue siendo ampliamente inexplorado en gran parte de América del Norte y Europa.
Un cambio de enfoque necesario
No existe una solución única para problemas tan complejos como la seguridad alimentaria. Es fundamental reflexionar sobre cómo nuestras elecciones alimentarias impactan tanto nuestra salud como la del planeta. Los alimentos novedosos están comenzando a influir en esas decisiones; es evidente que constituyen una pieza clave en la solución a la crisis alimentaria global.
Fuente: The Conversation

Periodismo Ambiental independiente con propósito de servicio.
