Murciélagos, jardineros de la naturaleza

La primera vez que tuve un murciélago entre las manos, me sorprendió la agradable sensación de terciopelo del pelaje en su lomo. Murciélagos, jardineros de la naturaleza

En esa ocasión no me imaginé que un día iba a presenciar la taxidermia de uno de ellos y a examinarle con lupa sus dientes y mandíbula, ni contarles del – “tócale la pelvis, si la sínfisis púbica está más abierta indica que ya ha tenido una cría” que en la recolección de datos el doctor y profesor Hugo Mantilla me disparó.

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Alcancé a pensar que el mismísimo Nosferatu se me iba a aparecer en sueños esa noche por meterme con uno de sus amigos. Si, ya sé, nada que ver. Yo también caí alguna vez bajo el influjo del Drácula inspirado en la leyenda de Vlad Tepes, el príncipe rumano de la orden del dragón (Dracul) que se auto declaró un Upier o ser de la noche.

Pues el escritor Bram Stoker nunca contó que no hay murciélagos hematófagos en Europa y que el primero que llegó al viejo continente (bien muerto, valga la aclaración) lo mandó Charles Darwin tras haberlo colectado en Chile. No sé si nunca se imaginó el mal que su libro le hizo a esta especie maravillosa.

Los murciélagos son mamíferos quirópteros, sus alas son las manos de un antepasado arborícola. Quiron significa mano y teron ala, entonces Quiróptero es “una mano que se hizo ala”.

Están bastante lejos de ser “ratones con alas” y no son ciegos a pesar de que el origen de la palabra murciélago quiera indicarlo: mur (ratón) y cego (ciego). Los murciélagos pueden ver bien, pero interpretan el mundo creando imágenes en su cerebro a través del sonido (ecolocación), de una manera tan detallada que las ondas emitidas reconocen no solo objetos sino texturas.

 

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Viviendo en cavernas pueden asociarse en verdaderas comunidades donde distintas especies tienen a cargo trabajos disímiles: protectores de juveniles en sala cunas donde las hembras amamantan y adoptan a los bebés si pierden a su madre o guardianes que prestan aviso ante la llegada de predadores.

Hay que reconocer que no se destacan por la belleza de sus rostros bajo el canon de belleza que manejamos los humanos, claro está, en verdad sus rostros pueden atemorizar, pero reconozcamos, ¿quién no se ha enamorado de un feo?.

Los murciélagos son mamíferos quirópteros, sus alas son las manos de un antepasado arborícola. Quiron significa mano y teron ala, entonces Quiróptero es una mano que se hizo ala.

Hugo Mantilla

Hoy los invito a ingresar conmigo al Baticlub y a volverse amantes defensores de estos animales que al ser tan increíblemente diversos se convierten en un modelo para entender cómo funciona la vida y cómo opera la evolución. Por ejemplo, sabemos que el metabolismo desgasta el sistema biológico, pero algo en la genética de los quirópteros ha resuelto este problema de desgaste permitiéndoles retar la regla de  tamaño pequeño, vida corta, y llegar hasta casi 30 años con un metabolismo muy alto (mil pulsaciones por minuto alcanza su corazón).

Quiero presentarles a dos expertos colombianos en esta especie: Janeth Muñoz y Hugo Mantilla. Ambos comparten la pasión por la enseñanza, ella en la universidad Nacional y él en la Universidad del Quindío. Su compromiso incluye terminar su jornada laboral entrada la noche o sacrificar sábados y fines de semana para trabajar con los estudiantes. A él le dicen el Batman colombiano, ella es una apasionada de los paisajes cársticos; cuevas y cavernas donde numerosas especies de murciélagos tienen su hogar.

 

Hugo Mantilla Investigador Universidad de Quindío y UNAL

Con ellos aprendí lo que quiero compartirles hoy, pero primero los invito a observar las fotografías que acompañan este artículo (cedidas por el doctor Fernando Trujillo). Si algún conocedor me lee, se dará cuenta que se incluye la imagen de una especie de la cual no hay ejemplar en colección alguna en Colombia. El animalito se salvó gracias a Dios, tomada la foto, puedo irse tranquilo.

Colombia es el país del neotrópico con más especies y nuestro Chocó biogeográfico es la zona más diversa en murciélagos del mundo. Estos mamíferos tienen diferentes hábitos alimenticios de gran utilidad para los seres humanos, los nectarívoros polinizan miles de plantas prestándole un servicio gratuito a nuestros cultivadores y un favor enorme a nuestra seguridad alimentaria y despensas.

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Los ictiófagos se alimentan de peces y los carnívoros de pequeños animales como ranas, los insectívoros comen insectos que son plagas de cultivos y transmisores de enfermedades como el Zika o Chicunguña. Una manada de 100 individuos consume de una a dos toneladas cada noche. Así que si usted vive en  zonas donde abunden mosquitos y jejenes, benefíciese de un control biológico gratuito: no instale aparatos de ultrasonido para ahuyentar murciélagos y más bien aprenda a construirles casas refugio (con eso no le invaden su casa y evita el riesgo de transmisión del Histoplasma capjulatum).

De los 222 murciélagos de Colombia solo 3 son hematófagos que toman sangre del ganado y las aves. Gracias a sensores térmicos en su cara, lamen su presa donde hay mayor emisión de calor (es decir más flujo sanguíneo) con su saliva provista de anestésico y anticoagulante, y clavan los incisivos dejando que la sangre mane para beber hasta el doble de su peso. Con antebrazos más grandes que los de otros murciélagos se arrastran por el suelo para esconderse y digerir, porque repletos por supuesto, no pueden coger vuelo.

 

La gente teme que los murciélagos hematófagos busquen seres humanos para alimentarse, pero somos nosotros quienes lo propiciamos al deforestar y cambiar la oferta de las cadenas tróficas, pues la tala indiscriminada de bosques desplaza la fauna nativa, dejando a los humanos como las nuevas presas de los murciélagos hematófagos habitantes de cavernas.

Los sembradores de bosques son mis favoritos, los frugívoros (comen frutas) dispersan las semillas, regenerando y sembrando bosques. Al excretar en vuelo a diferencia de las aves que lo hacen solamente perchando, logran que las plantas nazcan en lugares lejanos a su lugar de origen. Los omnívoros, como los Carollia perspicillata cuando se encuentran en abundancia, son indicadores de zonas perturbadas o en estado sucesional, y en poblaciones bajas, de zonas bien conservadas que ya se han regenerado o no han sido alteradas. Al comer de todo son los primeros que llegan a zonas taladas y cumplen el papel funcional de sembrar, cuando las plantas crecen, llegan aves y otros murciélagos percheros para aportar a un segundo grado de generación del bosque. Entonces los Carollia se rezagan y migran a otro lado para evitar la competencia y la llegada de los especialistas.

 

Hay murciélagos que mueven procesos ecológicos en áreas muy extensas pues migran a lo largo del año por zonas que les ofrecen los recursos en los cuales se han especializado. Si eliminamos o transformamos uno de sus parches alimenticios de algún momento del año, afectamos su población y los procesos ecológicos que esta empuja.

Son muchas las amenazas que se ciernen sobre los murciélagos, desde la pérdida de hábitats naturales, escasez o envenenamiento de sus alimentos por fumigaciones, hasta la destrucción intencionada de sus refugios. Por efectos del cambio climático, se prevé una migración de las especies en el gradiente altitudinal de la baja a la alta montaña, del orden de 500 a 700 metros en los próximos 100 años; lo que afectará a los habitantes de las alturas que no tendrán para donde moverse. Si soy un organismo de alta montaña, no puedo migrar a otra fácilmente porque vivo en una “isla”.

Los profesores Janeth Muñoz y Hugo Mantilla dedican gran parte de sus vidas al estudio de los murciélagos, tratando de que muchos otros vean tras esos rostros atemorizantes a primera vista, su real belleza e importancia. Su palestra es la academia, hacen preguntas, proponen nuevas e investigan para resolverlas con los estudiantes. Dice Hugo Mantilla: “Lo que más disfruto de mi labor es la educación, transformar vidas a través del trabajo docente.” Y asegura: “Me levanta el hecho de cada día ir a dar clase, enseñar sobre la vida lo llena a uno mucho”.

 

Janeth Muñoz investigadora Instituto de Ciencias UNAL

Hace poco protagonizó un documental de la serie Héroes al rescate animal y  reconoce que la difusión del trabajo por los medios de comunicación educa a las personas. Mantilla dice que lo ve en los correos de personas que le consultan cómo sacar los murciélagos de la casa ¡sin matarlos!, así que el mensaje está llegando y hoy lo replicamos desde Natural Press.

Janeth Muñoz enseña a sus alumnos a romper mitos, a observar el entorno, a “sacrificar las redes por la información”, y a ver las especies más allá de la lista y el ego coleccionador de nuevos registros para la ciencia. Motiva a estudiar hábitos, alimentación e información dada por el fototrampeo sobre las relaciones que muestran las especies que habitan un territorio pero le preocupa la obsesión por una reforestación que inútilmente planta árboles en zonas donde no están presentes sus polinizadores y dispersores; trayendo como resultado una naturaleza muerta. “Quiero llegar a la comunidad y mostrarles cómo los murciélagos contribuyen a la salud de los ecosistemas en que vivimos y de los que dependemos”, dice Janeth. Así que los invito a no juzgar al libro por su portada y a no fumigar cuanta polilla vemos Incluso en las grandes ciudades.

-¿Sabían que en el parque del Virrey en Bogotá vive una población de murciélagos estudiados por la profesora Muñoz y sus estudiantes de la Universidad Nacional? que no se nos olvide, no solo las abejas, sino los murciélagos, siembran los alimentos que la gente vende y compra para vivir, además de los bosques y parques de los cuales extraemos tantos recursos y generan tantos servicios. Bienvenidos entonces al baticlub, y hasta la próxima. Murciélagos, jardineros de la naturaleza.

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