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Muerte de un tercer cóndor, revela conflicto con fauna

Mueren tres cóndores andinos en Santander

Un cóndor juvenil encontrado en el municipio de El Cerrito en el páramo de El Almorzadero en Santander, murió al parecer por intoxicación. EL saldo de cóndores que fueron hallados presuntamente envenenados esta semana en el mismo lugar, asciende a tres individuos.

Una comisión de La Corporación Autónoma Regional de Santander CAS, organizaciones, comunidad y otras autoridades, encontraron al juvenil en el sector de Mortiño Municipio de Cerrito y los restos de una carroña que podría ser la causante de la muerte de los individuos.

La expedición interinstitucional ha permitido el hallazgo de este nuevo cóndor, y  hoy continuaron las labores de búsqueda en otras rutas entre San Andrés y Guaca para ampliar el rango de cobertura con el fin de saber si hay más animales intoxicados, según la CAS.

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A su vez, los cuerpos de los cóndores hallados en zona rural del municipio de Cerrito Santander, ya se encuentran en manos del equipo forense veterinario de la Corporación Universitaria Remington, en la ciudad de Medellín, donde se le realizó exploración externa inicial para toma de muestras para análisis toxicológico, muestras cloacales y de cavidad oral, y toma de radiografías; adicionalmente ya se está haciendo el procedimiento de necropsia forense a cargo del doctor Julio Cesar Aguirre Ramírez.

Los resultados parciales de toxicología serán entregados a la Autoridad Ambiental este lunes 7 de junio, momento en el que se podrán conocer las causas de muerte de los individuos.

Hasta el momento no se han establecido culpables del delito ambiental que involucra los tres individuos de cóndor andino, una especie que en Colombia está catalogada En Peligro Crítico según el libro rojo de aves de Colombia.

Médicos forenses examinan cuerpos de los cóndores hallados muertos en Cerrito Santander Foto Cas
Médicos forenses examinan cuerpos de los cóndores hallados muertos en Cerrito Santander Foto Cas

La situación del cóndor en Santander

La muerte de cóndores en Colombia y a lo largo de los países andinos, está asociada a conflictos con ganaderos que crían animales en las partes altas de las montañas y cuando  reces u otros animales de cría están moribundos o enfermos, se convierten en presa de esta ave carroñera considerada la más grande del mundo. Pero el conflicto hoy, no solo es con el cóndor, también con depredadores como pumas y perros ferales.

Natural Press habló con Doris Torres Ortiz representante legal de la Asociación campesina Coexistencia con el Campo en la localidad de El Cerrito, quien aseguró que la relación con la especie en el páramo de El Almorzadero ha cambiado, pero desafortunadamente hoy enfrentan conflictos y perdidas por depredadores que atacan ovinos.

Según Torres, la comunidad maneja la hipótesis de la existencia de una carroña envenenada que no era para matar al cóndor.

“En la zona se ha hecho un proceso educativo para que la comunidad no envenene las carroñas pero desafortunadamente hay un conflicto con pumas y perros ferales. Cuando un campesino que tiene 10 ovejas, un depredador le mata en una sola noche cinco animales que son su único sustento, el campesino toma medidas represivas sin tener en cuenta las consecuencias que esto pueda tener”, asegura Doris, sin justificar lo que sucede en la región.

En el páramo del El Almorzadero en Santander se han realizado campañas educativas para eliminar el envenenamiento de carroñas de las practicas campesinas pero aún persisten quienes lo siguen haciendo con consecuencias letales para las especies del páramo.

La líder comunitaria se refiere a los problemas pero enfatiza en las soluciones y el trabajo que por más de cinco años han hecho con autoridades, la Fundación Neotropical y organizaciones como el Jaime Duque, quienes han venido empoderando a la comunidad en la protección y conservación de la especie, la comprensión de su rol en la naturaleza y los servicios que presta este animal necesario para las altas montañas  por su capacidad para liberar de vectores y enfermedades los Andes, al ser una especie carroñera.

Foto Asociación Campesina Coexistiendo con el campo ACAMPO
Foto Asociación Campesina Coexistiendo con el campo ACAMPO

“El cóndor no come animales vivos”, explica  Doris, por eso es carroñero, pero si hay un animal enfermo espera que muera o lo ayuda a morir y luego se alimenta de él.  La líder comunitaria  asegura que han aprendido a encerrar las ovejas que crían en el páramo y tener más control sobre ellas para evitar conflictos con una especie como el cóndor andino, sin embargo, persisten los problemas con otras especies.

Alejandra Parrado Vargas, investigadora de la Fundación Neotropical, organización que ha venido levantando datos sobre el cóndor para la toma de decisiones y apoyando el trabajo de relación entre las comunidades y la especie en Santander, asegura que ”una de las amenazas más grandes que se han identificado para el cóndor es el envenenamiento de carroñas a lo largo de toda su distribución, desde Argentina hasta Colombia”.

El manejo precario de los animales de cría en áreas de páramo es una de las causas del conflicto según la investigadora, porque al generarse una actividad ganadera de forma extensiva no hay un control adecuado, no hay manejo veterinario y los animales son más vulnerables a ataques de depredadores.

“Donde hay puma habrá alimento para el cóndor”, asegura la investigadora que destaca la relación que hay entre ambas especies y la importancia de su conservación, motivando en todo momento el manejo y monitoreo que debe hacerse sobre las actividades productivas en las partes altas de la cordillera en el país y el trabajo interinstitucional para lograr resultados en la conservación de las especies presentes en el páramo.

En El Páramo de El Almorzadero en Santander, el trabajo que se ha desarrollado en los últimos años ha servido como un piloto para mostrar el cambio en la relación con la especie y el mejoramiento de un modelo productivo con encierros, dando los primeros pasos hacia el control de la actividad ganadera y el manejo de la relación con los depredadores presentes en la zona.

Doris Torres asegura que en total son 19 familias campesinas las que integran la comunidad de El Cerrito pero aún queda mucho por hacer y educar frente a las medidas que se deben tomar por parte de las autoridades ambientales para disminuir el conflicto con otros depredadores.

Foto Asociación Campesina Coexistiendo con el campo ACAMPO
Foto Asociación Campesina Coexistiendo con el campo ACAMPO

Los perros ferales

En áreas de alta vulnerabilidad económica las comunidades tienen perros para apoyar el manejo del ganado explica Alejandra Parrado, y a pesar que estos animales permanecen en casa, no hay un cuidado permanente sobre ellos, indica la investigadora.

Los perros ferales o asilvestrados son un problema que sigue en aumento en el país, son perros abandonados que se unen a manadas y atacan la vida silvestre como una opción de supervivencia o también, son perros que viven en zonas rurales y al estar sin control depredan pequeños animales de cria como parte de un comportamiento que se vuelve habitual; en el día es una mascota dócil y en las noches un depredador voraz.

En Santander, el problema va en aumento y las comunidades empiezan a sentir los estragos en sus animales de producción ante el incremento del conflicto en la zona.

Mientras un puma encuentran animales de cría concentrados y de forma oportunista los ataca, la presencia de perros que depredan las presas naturales del puma también representan otro conflicto entre animales silvestres y domésticos asilvestrados como los perros. Y aunque la relación con los cóndores ha cambiado, según Doris Torres, “el conflicto que hoy se está presentando en la zona es por pumas y perros ferales y desafortunadamente el cóndor fue el damnificado”.

Alejandra Parrado insiste en la toma de decisiones para la conservación del cóndor en el país y asegura que el Primer Censo Nacional de Cóndor Andino que se realizó el pasado mes de febrero en el que participaron más de 207 personas ubicadas en 84 puntos de observación en los que se registraron 63 cóndores en 44 de esas ubicaciones, unió a las autoridades ambientales y a las organizaciones que hoy manifiestan su preocupación  y su interés por adelantar acciones urgentes para la conservación de la especie.

El evento nacional, fortaleció el interés de quienes ya venían haciendo esfuerzos a favor del ave más emblemática del país sobre la que pesa la salud de ecosistemas estratégicos como los páramos en Colombia.

“Los cóndores tienen una alta capacidad de movilidad y muy  posiblemente, los individuos que murieron en Santander viajaban a la Sierra Nevada de Santa Marta y hacían parte de esa población. Eso pasa justamente, porque ellos no tienen límites políticos y, si no nos unimos y dejamos de pensar que la conservación del cóndor es un asunto de una persona o una institución y empezamos a trabajar de manera conjunta, podremos tener a los cóndores en nuestro cielo por más tiempo”, concluyó la investigadora que hizo un llamado urgente a la unión nacional por la conservación del cóndor de los Andes.

 

 

 

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