¿Están en peligro los tesoros de Colombia?

En días pasados en Colombia se desató una fuerte polémica sobre un tema sensible para el mundo de la conservación. La extracción de la vida silvestre de cientos de ejemplares de diferentes especies, algunas de ellas en alguna categoría de amenaza prendieron las alarmas de autoridades ambientales, investigadores y ciudadanos amantes de la naturaleza quienes se preguntaron si ¿están en peligro los tesoros de Colombia?, en Natural Press adelantamos este informe especial para analizar las diversas posiciones frente al tema.

En diciembre de 2019 la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, ANLA, le permitió a la empresa experta en zoocría Tesoros de Colombia, extraer de la vida silvestre más de 600 animales de 23 especies diferentes, entre ellas, 16 de anfibios, dos de reptiles y cinco de aves de casi todo el país. Lo anterior con el fin de hacer pruebas experimentales de reproducción en cautiverio para una futura comercialización de los ejemplares obtenidos.

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La modificación de la licencia ambiental (02370 de 2019) actual por parte de la ANLA, ha sorprendido a algunas autoridades ambientales, comunidades y científicos que solicitan se haga una revisión del permiso otorgado a la empresa Tesoros de Colombia y sus condiciones a futuro.

La polémica en el país  se ha ido apagando con el desistimiento temporal de la empresa de iniciar con el proceso de captura de animales aprobado por la ANLA, hasta tanto no se pueda llegar a acuerdos con las comunidades.

Pero este asunto no es nuevo en Colombia, la diferencia es que esta vez tocó las fibras más sensibles al permitir la extracción para la reproducción en cautiverio de especies no sólo carismáticas como algunas ranas venenosas como la ranita de Samaná o reptiles poco comunes como la boa esmeralda y varias especies de aves muy coloridas como la cotorra de Perijá, el gallito de roca y la tángara multicolor. Además de la inclusión de algunas de las 23 especies listadas bajo categorías de amenaza según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza,UICN.

El proceso aprobado no es más que la continuidad del desarrollo de un ejercicio de zoocría de mariposas y ranas que fue licenciado por primera vez en el año 2008 y que se ha ido ampliando en el tiempo buscando reproducir cada vez más especies colombianas en cautiverio.

Un inicio poco amistoso

Con licencia en mano, Tesoros de Colombia programó el inicio de las capturas de los ejemplares autorizados de algunos anfibios a finales de octubre en el departamento del Valle del Cauca, sin embargo, la Corporación Autónoma Regional de este departamento la CVC, dejó en claro su rechazo y decidió negarle a la empresa los salvoconductos para transportar las primeras ranas capturadas en su territorio para ser conducidas hasta el zoo criadero ubicado en el municipio de Nocaima Cundinamarca.“Todo lo que afecte nuestra fauna silvestre lo vamos a detener” afirmó el Director de la CVC Marco Antonio Suárez Gutiérrez.

La CVC y otras corporaciones afirman que han venido pronunciándose ante la ANLA porque emitieron conceptos negativos pero fueron desatendidos desconociendo la trayectoria y el conocimiento de las autoridades ambientales.

“Este tipo de decisiones no pueden ser tomadas desde un escritorio en Bogotá tienen que ser concertados con las autoridades ambientales, que están en el territorio y conocen sus potencialidades y la oferta ecosistémica” asegura Suárez Gutiérrez.

Tesoros de Colombia no sólo enfrentó a la CVC, también a la Corporación Autónoma Regional de Risaralda CARDER, quien se puso los guantes y con un tajante mensaje de protección de los gallito de roca, las tangaras multicolor y dos especies de ranas presentes en su departamento, demandó la licencia de la ANLA ante el Consejo de Estado para evitar la caza de Fomento en su territorio.

Días más tarde las demás corporaciones autónomas regionales de Colombia, apoyaron su decisión según lo informó la revista Semana Sostenible.

“Todo lo que afecte nuestra fauna silvestre lo vamos a detener”, ASOCARS

El permiso otorgado por la ANLA ha generado molestias y dudas no solo entre las  autoridades ambientales, para diversos investigadores, es indispensable tener los datos suficientes para determinar con precisión qué impacto puede generar sobre las poblaciones la extracción de ejemplares frente a la realidad de pérdida de biodiversidad a nivel local, los métodos de captura, la elección de ejemplares, el conocimiento real de las especies a capturar y las formas de compensar. Todas estas inquietudes se convierten en preocupaciones reales que no han dejado de ser objeto de análisis en las últimas semanas.

Pero, ¿por qué se ha generado tal revuelo en el país en contra de la zocría?, finalmente en Colombia se viene incursionado en el biocomercio a través de la cría en ciclo cerrado de babillas, iguanas, lobos polleros y tortugas, todas ellas, especies menos carismáticas que las coloridas mariposas y ranas colombianas que ya venían siendo comercializadas en el mercado europeo con gran éxito, ¿qué fue lo que detonó el descontento nacional que hoy se preguntan si los tesoros de Colombia están en peligro?

Para algunos críticos que consideran la zoocría como una herramienta de conservación, el problema no es la actividad sino la licencia  otorgada por la ANLA.

Según Juan Carlos Ucrós abogado especialista en medio ambiente, ha venido analizando varios puntos de la licencia que le preocupan y asegura no entender “por qué dejaron pasar tantos detalles por alto”.

El especialista sabe que “los conceptos de las Corporaciones Autónomas Regionales o de Parques Nacionales no son vinculantes a la hora de tomar decisiones frente al licenciamiento, pero ¿por qué no se especifican en la licencia los argumentos por los cuáles no los acogieron?”, se pregunta el abogado.

Hoy varias corporaciones alegan no estar de acuerdo con que saquen ciertos animales de sus jurisdicciones como el caso de la CVC y CARDER y ellas han enunciado públicamente su desacuerdo.

“La licencia tiene varios vacíos que son preocupantes   para empezar, me llama la atención que pidieron el certificado de registro de comunidades étnicas al Ministerio del Interior sobre el área de influencia del zoocriadero”, Juan Carlos Úcrós.

El especialista explica que según la licencia ambiental no hay comunidades étnicas presentes en la zona y que la socialización se hizo con las comunidades en Nocaima Cundinamarca, lugar en el que está la granja de zoocría “pero los verdaderos impactos de la licencia no están sobre el  zoocriadero sino en las áreas en donde van a capturar animales” enfatiza Ucrós.

Para el abogado ambiental “los lugares de captura de animales deben ser los sitios en dónde se socialice la propuesta y si hay presencia de comunidades étnicas se tendría que hacer una Consulta Previa”.

Otro aspecto que genera preocupación tiene que ver con que la licencia indica la mayoría de los sitios en los que se harán las colectas de las diversas especies pero no existen coordenadas exactas de los lugares de extracción, lo que ha generado molestia entre autoridades y comunidades.

“Los verdaderos impactos de la licencia no están sobre el zoo criadero sino en las áreas en donde van a capturar animales”.

Según William Martínez Castaño educador en Pueblo Rico Risaralda e Interprete ambiental de la zona, se enteraron hace un mes que se había otorgado una licencia que permitiría sacar animales de su localidad, por eso los reclamos ante la ausencia de una socialización del proyecto no se hicieron esperar ante CARDER y fue la misma entidad quien alegó haberse iniciado todo el proceso del trámite de la licencia en una administración pasada, lo que obligó a la comunidad a organizarse.

¿Están en peligro los tesoros de Colombia?

La Personería de Pueblo Rico interpuso una tutela, acción que reclama por la futura presencia de la empresa Tesoros de Colombia para colectar gallitos de roca Rupicola peruvianus y dos especies de ranas la Oophaga histrionica arlequín venenosa y la Andinobates fuiguritus rana venenosa de vientre amarillo en una zona del municipio que no tiene especificación exacta, por lo que se adelantaron a solicitar una protección del territorio.

Iván Lozano, gerente de Tesoros de Colombia asegura que sus puntos de captura no se harán en zonas con presencia de comunidades étnicas por eso no hicieron consulta previa y harán los procesos de caza de fomento sobre reservas privadas y otras zonas autorizadas.

Pero para las Corporaciones Autónomas Regionales eso no es suficiente, la CARDER siempre manifestó su preocupación por la realización de capturas en zonas con presencia de comunidades étnicas y Cormacarena y la CRQ de Quindío con presencia de áreas protegidas nacionales y regionales. Todo por la falta de coordenadas claras desde el principio del trámite.

Sin embargo la ANLA específica en la licencia que Tesoros antes de ir a las zonas de captura deberá presentar las coordenadas a las autoridades ambientales para que se especifique si hay presencia de comunidades étnicas y en tal caso hacer Consulta Previa, pero para las autoridades ambientales y abogados como Juan Carlos Ucros, “esto debió quedar consignado en la licencia”.

La resistencia en Pueblo Rico Risaralda es total, “si toca movilizar la comunidad la movilizamos, pero de acá no vamos a dejar extraer ninguna de las especies que se quieren llevar”, expresa Martínez Castaño.

La mayor preocupación para la comunidad es “la carencia de un estudio completo dentro del municipio que nos diga cómo están esas poblaciones, si tenemos mucho o tenemos poquito” afirma el educador.

Recientemente este medio conoció que la tutela fue declarada improcedente por lo que impugnaran el fallo para ir al Tribunal Superior en segunda instancia y reclamar los derechos de la comunidad.

Pero ellos no son los únicos preocupados por la extracción y el estado de las poblaciones de los gallitos de roca, la tangara multicolor y las dos especies de ranas que extraerían de Risaralda, los investigadores también manifiestan su inquietud por las extracciones del resto de especies en el país sin tener estudios poblacionales adecuados para poder tomar decisiones.

“Si toca movilizar la comunidad la movilizamos, pero de acá no vamos a dejar extraer ninguna de las especies que se quieren llevar”.

“Yo no podría decir si sacar 20 ejemplares o sacar 50 de una especie es mucho o es poco” explica el herpetólogo Nicolás Urbina Cardona, docente de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, “porque para eso hay que saber qué arrojó el estudio poblacional, una exigencia que la ANLA debería hacerle a la empresa”.

Por su parte el abogado Ucrós asegura que la licencia le pide a Tesoros de Colombia hacer los estudios poblaciones después de haber realizado las capturas de los animales aprobados.

Y es que la ANLA deja consignado en la licencia que la sociedad destaca en todos los casos que “la información presentada constituye una evaluación ecológica rápida para las especies, en la cual no se estiman parámetros demográficos de mediano y largo plazo, como reclutamiento y tasas de crecimiento poblacional. Estos y otros parámetros pretenden ser evaluados a partir de la fase experimental de zoocría y de los programas de investigación proyectados como futuros objetivos del zoocriadero”.

Lo que se convierte en una preocupación mayor para el abogado. “Los estudios deberían hacerse antes y con esa información determinar si la especie es apta o no para un permiso de caza de fomento, están haciendo las cosas al revés” asegura Ucrós.

Tomar decisiones debería depender, como lo explica Urbina, de saber, “con cuántos adultos y cuántos juveniles se cuenta en una población, se debe determinar si hay un crecimiento o por el contrario hay un declive de las poblaciones y sobre eso se hace un estudio de demografía y al demostrar esa tasa intrínseca se sabe que tantos individuos se pueden extraer de esa población y eso mismo debe hacerse en todos los puntos de extracción de las especies que se piensan aprovechar, explica el investigador.

“Si no hay estudios de demografía lo menos que deben saber para poder comparar la densidad poblacional en el tiempo, en un sitio determinado, es conocer cuántos individuos encontraron, la técnica de muestreo empleada por cuántas horas de muestreo entre cuántas personas y con eso se calcula el éxito de captura, que es el número de individuos encontrados respecto al esfuerzo de muestreo empleado”, según Nicolás Urbina.

La anterior es una metodología un poco más rápida que va a entregar datos claros para tomar decisiones frente a capturas, lugares, estado de población. Todo, aplicado a los lugares de caza posible y a las especies que fueron permitidas capturar.

Para Urbina “lo que sucede en este momento con Tesoros de Colombia son lecciones que deberían quedar aprendidas y cómo las metodologías y los estudios de poblaciones deben quedar vinculados a las resoluciones para no seguir cometiendo los mismos errores de hace 20 años”.

Con las aves debería hacerse lo mismo, para el ornitólogo Oswaldo Cortés, “es preocupante sobre todo con especies como el Gallito de Roca (Rupicola peruvianus) una especie con un comportamiento específico a nivel reproductivo. “Encontrar un lek (zona en común de exhibición en el que los machos defienden pequeños territorios para atraer a las hembras, con el fin de reproducirse mostrando cada uno su atractivo plumaje) no es fácil y tampoco imagino extraer ejemplares de esta especie cuando su comportamiento es tan particular para llevarlas a la cautividad y reproducirlas”.

Gallito de Roca

Es una especie con un comportamiento específico a nivel reproductivo, varios machos se encuentran en un lek, zona en común de exhibición en el que los machos defienden pequeños territorios para atraer a las hembras, con el fin de reproducirse mostrando cada uno su atractivo plumaje.

Por su parte Iván Lozano, propietario de la empresa Tesoros de Colombia quien solicitó la licencia, explica frente a la preocupación de ornitólogos como Oswaldo Cortés que “hicimos la solicitud en tres departamentos diferentes para obtener 20 aves, el tamaño del área en donde podemos revisar que no se afecten las poblaciones es enorme”.

Pero a Cortés no sólo le preocupan los gallitos de roca, “yo tengo que caminar mucho para encontrar una pareja de tángara multicolor Chlorochrysa nitidissima en un hábitat muy bien conservado como sería la selva del Chocó o la Cordillera Occidental”. El ornitólogo asegura que ha caminado hasta tres kilómetros para encontrar una pareja, lo que indica que aunque tienen amplia distribución su presencia no es abundante y  su categoría es Vulnerable en Colombia.

“Lo primero es ser precavidos con el tema” afirma Iván Lozano, lo último que queremos es que haya un impacto en las poblaciones por obtención de parentales, por eso hicimos grupos pequeños y dispersos para poder obtener los animales”.

El zootecnista asegura que “la colecta está planteada para tener muy bajo impacto en las poblaciones y empezar a sacar en laboratorio la mayor cantidad de animales en cautiverio”, todo basado en estudios poblacionales que se le pasaron a la ANLA para evaluar la factibilidad de las capturas de los animales y la extracción de sitios  en muy buen estado de conservación.

Los estudios que fueron entregados a la ANLA no son concluyentes según varios investigadores que tuvieron acceso a ellos porque la información no es completa como para tomar una decisión de uso y la ANLA permitió tomar datos sobre las poblaciones en campo mientras se hacen las capturas.

La licencia igualmente muestra que se tomaron decisiones basadas en estudios que no fueron realizados directamente por Tesoros de Colombia pero que fueron tenidos en cuenta para su aplicación en dos especies incluidas en la licencia.

El investigador y ornitólogo Jorge Velásquez sugiere que es importante poder evaluar la idoneidad de los estudios que se presentaron para el otorgamiento de la licencia.

“No se trata de tener una posición totalitaria en contra de la extracción de individuos de fauna silvestre, yo creo que desafortunadamente hay un mercado para eso y entre más regulado esté, mucho mejor, pero la cuestión es que esto tiene que estar muy bien sustentado, evaluado y aceptado por pares que conozcan de estos temas”, afirma Velásquez.

Legalmente la actividad en el país propone varios objetivos pero el principal es poder comercializar especímenes en mercados internacionales y bajar con esto la presión sobre el tráfico de especies además de generar unas compensaciones al medio y poder recuperar las poblaciones afectadas por perdida de hábitats o tráfico.

Según un estudio del IAvH,(Instituto de Investigaciones y Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt) no hay certeza de que se esté garantizando la conservación de las poblaciones naturales por parte de la actividad de zoocría en Colombia.

La misma Ley 611 de 2000 asegura que: “La autoridad ambiental se reservará un porcentaje de la producción de cada zoocriadero que será asignado en función del estado de conservación de la especie, que podrá ser recibido en recursos económicos, servicios ambientales y/o especímenes para ser utilizados en el manejo sostenible de la especie”. Pero saber en qué se están invirtiendo los recursos y cómo se están haciendo las compensaciones es un tema de investigación.

Investigadores preocupados con nuevas extracciones

Al contrario de lo que promueve la zoocría en el país permitiendo legalmente el uso de especies con alguna categoría de amenaza, para el herpetólogo Nicolás Urbina y el ornitólogo Jorge Velásquez podría ser más un problema que una solución.

Urbina considera que “la Resolución 1912 de 2017 no niega la posibilidad de criar o comercializar especies amenazadas” lo que considera como un  error, “ojalá se corrija porque es absurdo pensar que una especie que ha sido declarada como amenazada porque tiene un tamaño poblacional muy pequeño o tiene una distribución geográfica que cada vez se disminuye como consecuencia por ejemplo de la deforestación, pueda ser usada para zoocría y comercialización”.

“Entonces ahí entramos en un embrollo más jurídico que científico porque no tiene ningún sentido a menos que el dinero de la compensación sirva para conservar hábitats”.

Jorge Velásquez comparte la opinión de Urbina, “yo no estoy de acuerdo con la zoocría de especies amenazadas” admite el ornitólogo, “pero si la ley permite tener este tipo de iniciativas de comercialización de fauna silvestre, pensaría que lo lógico es empezar por aquellas que no están en ninguna categoría de riesgo”.

Velásquez es enfático en afirmar que  tampoco deberían permitir el uso de especies que estén en apéndices CITES, que sean endémicas (únicas de Colombia) o que sean en general de interés para la conservación. “No tiene lógica que eso este en discusión, no se debería permitir extraer especies evaluadas en categorías de amenaza”. Es por ello que se formula la pregunta ¿están en peligro los tesoros de Colombia?

Casos puntuales

Los casos son puntuales, hay dos especies de anfibios, la rana dardo venenosa (Oophaga occultator) En Peligro Crítico CR  y la rana de Samaná (Andinobates daleswansoni) En Peligro EN y entre ellas un ave, la (Pyrrhura caeruleiceps) o cotorra de Perijá también En Peligro EN.

Sobre la última especie, Jorge Velásquez como ornitólogo explica puntualmente que la UICN como autoridad mundial en evaluaciones de riesgo de extinción incluye a la cotorra de Perijá como EN “y el criterio corresponde a una especies con bajo tamaño poblacional y una distribución muy reducida”.

Para Velásquez,“el gallito de roca y la tángara multicolor tienen rangos de distribución mucho más amplios, es decir que tienen una mayor presencia en el país, “pero la Cotorra de Perijá,  es una especie que está sólo en el Perijá y que tiene un máximo de tres mil individuos”, por lo que extraer 20 individuos de una población reducida de la que no se tenga información suficiente es un riesgo.

A pesar de lo anterior, Iván Lozano se mantiene con seguridad en sus propios estudios. “Se hicieron evaluaciones en campo que nos arrojaron datos con  los que tendríamos la seguridad de poder sacar los ejemplares necesarios sin afectar una población”.

Otra de las preocupaciones legales frente a la licencia es el levantamiento de la veda de aves vigente en el país, pero según la licencia y la ley colombiana cuando se realiza caza de fomento no se hace necesario levantar vedas.

Tesoros de Colombia entre el triunfo internacional y el odio nacional

En diálogo con Natural Press, el zootecnista propietario de Tesoros de Colombia, Iván Lozano, afirmó que trabajar con especies amenazadas es un enorme reto, pues su proyecto es como “un Arca de Noé” que asegura la reproducción de especies altamente amenazadas que rápidamente podrían desaparecer por tráfico o pérdida de su hábitat.

Desarrollar un paquete tecnológico para reproducir ranas y posteriormente hacer repoblamiento es el ideal del zootecnista que considera ser un conservacionista que aprovecha los anfibios que reproduce para promover el mercado legal entre los coleccionistas.

La ecuación es sencilla y le ha dado resultados que han sido exaltados a nivel internacional. Una rana que antes era sacada de la naturaleza de forma ilegal y la comercializaban en 150 dólares en el  mercado negro, gracias a la reproducción en cautiverio puede comercializarse en 30 dólares, lo que le permite a los coleccionistas adquirir animales más económicos legalmente que de manera ilegal según lo explica el Gerente de Tesoros de Colombia.

“Nuestro objetivo es conservar, es reproducir especies en peligro para poder repoblar las zonas de Colombia donde hay un declive”. Sin embargo hasta el momento la compensación a la que están obligados no se ha dado en especímenes para repoblamiento sino en recursos entregados a la CAR Cundinamarca para inversión en conservación explica Lozano.

Intentamos hablar con la CAR Cundinamarca para saber en qué han invertido los recursos de compensación pero la entidad no dio respuesta.

Las apuestas comunitarias para promover la conservación de especies que son reproducidas en Tesoros de Colombia tampoco se han dado como lo ha planeado Lozano, la pandemia y la falta de interés de las autoridades ambientales se han interpuesto en el camino según el zootecnista.

La tecnología aplicada lo ha obligado a tener un conocimiento profundo de la biología de cada especie para lograr su reproducción, asegura que han entregado el paquete tecnológico porque lo que quieren es detener el tráfico “Y lo hemos logrado, el final de nuestro zoo criadero será sólo para liberar animales a la vida silvestres”.

En 2011 obtuvieron los primeros permisos para reproducir la ranita quizá más común en Colombia, la Dendrobates truncatus o  rana venenosa, una pequeña rana negra con líneas amarillas muy común al lado de cañadas o quebradas.

El primer envío se realizó a Canadá. ”Después de un tiempo el tráfico se controló y el mercado la agotó” la moda paso y Tesoros dejó de venderla pero al parecer también dejó de ser traficada.

“Nuestro objetivo es conservar, es reproducir especies en peligro para poder repoblar las zonas de Colombia donde hay un declive”.

Lozano asegura que con especies como la rana venenosa negra y verde (Dendrobates auratus), la rana venenosa (Phyllobates aurotaenia), y la rana dardo dorada (Phyllobates terribilis) la demanda de anfibios capturados en estado silvestre ha llegado a cero desde que Tesoros de Colombia empezó a exportarlas.

Nosotros sabemos porque conocemos a los coleccionistas y el trabajo educativo ha sido tan grande que ellos mismos están rechazando los animales que vienen del tráfico, resulta mucho mejor obtener un animal legal, mucho más económico y con los certificados de CITES.

Las ranas que salen de Tesoros de Colombia son fácilmente identificadas, “desarrollamos una base de datos con una huella digital y un código único, eso evita que haya lavado de animales”. Las ranas son fotografiadas, sus líneas o pintas son diferentes, son como una huella digital, una no se parece a otra, así sus marcas son como una cédula.

La apreciada rana de Lehmann

Convencido, Iván Lozano explica que de la misma manera como ha sucedido con las otras especies de ranas y el control de su extracción ilegal, ha pasado con la rana venenosa de Lehmann Oophaga lehmanni

Es una rana única de Colombia que no habita en ningún otro lugar del planeta, por eso es endémica. La cacería y la pérdida de su hábitat que son los bosques  Subandinos de la  vertiente del Pacifico, Valle del Cauca, Chocó y Risaralda la tienen al borde del precipicio, está En Peligro Crítico de Extinción CR

El cuerpo de la Lehmann con grandes vetas negras y naranjas o negras y amarillas similar a una abeja y un antifaz negro que la hace misteriosa la caracteriza además de su veneno.

Generalmente, estas ranas son muy difíciles de mantener y de criar en cautividad, debido a que los renacuajos deben alimentarse de los huevos no fertilizados de la madre. Tesoros de Colombia logró reproducirla, la comercializa y ahora quiere liberar ejemplares a la vida silvestre.

“Queremos contribuir con el repoblamiento, nos han aportado recursos internacionales para poder hacerlo, ahora sólo falta el visto bueno de la CVC”. Lozano habla de su interés de devolverla a los bosques húmedos en donde la rana está en declive pero también de sus resultados con la reproducción en cautiverio.

“Por primera vez en 40 años no han sido colectadas las ranas de Lehmann de la vida silvestre”. La pandemia les ha dado un respiro. “Te puedo afirmar no han llegado a Europa, Estados Unidos y Asia animales provenientes del tráfico”.

Hoy todo lo que se está comprando en esos mercados es legal y sale de Tesoros de Colombia, “puedo decir que la rana ha tenido un año de descanso y esa es la realidad, ese es nuestro objetivo y lo estamos logrando con diferentes especies en peligro de extinción concluye Lozano.

Pero aún no se tienen resultados de repoblamiento y para eso las corporaciones deberían crear según la reglamentación colombiana todo un plan de conservación para este fin que incluya el repoblamiento y el seguimiento.

Mejorar el licenciamiento para aumentar la conservación

El Programa Nacional para la Conservación de los Anfibios en Colombia, dentro de la Línea Estratégica de Manejo y Conservación Ex situ, contempla el “Uso legal de los anfibios a partir de la zoocria comercial con fines de exportacion” según Nicolás Urbina.

Algunas de las acciones del programa son la identificación de especies de anfibios con potencial para zoocría y el desarrollo e implementación de proyectos productivos. Pero éste especifica que estos proyectos productivos sostenibles deben integrar a la comunidad local para la protección de los anfibios, a través del monitoreo de sus poblaciones en los sitios donde se han realizado recolectas.

Otro aspecto importante es el repoblamiento como una apuesta para la conservación como resultado de la zoocría, sin embargo en Colombia parecen no existir resultados a nivel investigativo del éxito de los procesos en general.

Para Urbina el repoblamiento debe cumplir con ciertas características para que los objetivos de sacar ejemplares de la vida silvestre se cumplan cuando estos retornen.

Reintroducir especímenes al medio tiene pasos que no se pueden saltar en medio de la carrera por la conservación, “hacer una evaluación de diversidad genética con posibilidades de reintroducción de pies de crías al medio es determinante”.

Si no se hace una evaluación genética se corre el riesgo de contaminación o polución genética de las poblaciones silvestres con consecuencias como el debilitamiento genético de las poblaciones.

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El conservacionista y científico investigador Cesar Rojano lo explicó así en una columna en Natural Press; no tener la genética clara de los ejemplares al momento de reintroducir “puede causar potencialmente una reducción en el éxito reproductivo en la población residente, dado que en las futuras generaciones se podrían incluir genes de unos individuos menos adaptados a las condiciones del lugar”.

“Reintroducir especímenes al medio tiene pasos que no se pueden saltar en medio de la carrera por la conservación”.

Otro de los efectos no deseados de las reintroducciones según Rojano, puede ser la hibridación interespecífica, es decir, cuando se cruzan dos especies cercanas pero distintas. En estas situaciones, la hibridación puede amenazar potencialmente la integridad/diferenciación genética de la especie residente, y en casos extremos  puede darse la extinción local por esta causa.

A eso se refiere el investigador Nicolás Urbina cuando habla de la claridad que el zoocriador debe tener al momento de juntar ejemplares y luego liberarlos a la vida silvestre para repoblar.

Poner solución a lo que genera el declive de las especies es otro de los puntos a tener en cuenta, “si se reintroducen animales en donde hay fuertes presiones de deforestación o tráfico no se está haciendo nada”, lo ideal es mantener las condiciones de esos lugares para preservar en el tiempo la vida de esos ejemplares reintroducidos y todo eso se conoce con estudios.

Por querer hacer más, se hace menos, introducir al medio un animal contaminado puede ser fatal para una población. Hongos como el quitrido de los anfibios Bd (Batrachochytrium dendrobatidis) los invade, los atrapa y no les permite movilizarse hasta que las ranas mueren de hambre o por deshidratación corporal; “el hongo es el culpable de la declinación de anfibios a nivel mundial y los repoblamientos, el tráfico excesivo de turistas o los mismos investigadores pueden llevar el mortal Bd hasta los bosques en los que habitan las coloridas y venenosas ranitas” afirma Urbina.

Jorge Velásquez también considera que de esta polémica tienen que generarse cambios, “existe un gran desconocimiento de los aspectos básicos de la ecología de las especies que se pretenden zoocriar”, pero según el investigador hay que ir más allá y proyectar el impacto de sacar esos individuos del medio.

“Ahora que los modelos se están poniendo de moda con las proyecciones epidemiológicas, también se pueden hacer para saber cuáles son los efectos de la sustracción de individuos de una población silvestre, pero se tiene que hacer todo el trabajo riguroso de conocer la biología de estos individuos antes de poder pensar en hacer evaluaciones poblacionales de este tipo”. Ese sería un gran aporte de los institutos de investigación al licenciamiento en el país.

“Si se reintroducen animales en donde hay fuertes presiones de deforestación o tráfico no se está haciendo nada”.

Velásquez concluye que se debería hacer una veeduría de toda la cadena del proceso de zoocría. “Sabemos el país en el que estamos y se necesita tener la certeza de que el número de individuos que se encuentran en estudios serios que se pueden extraer del monte, efectivamente es el número de individuos que se extraen con una licencia  pero también que las especies correspondan a las autorizadas y para eso se necesitan buenos procesos de capacitación de las autoridades ambientales ”.

La ANLA ha sido enfática en decir que ha hecho no sólo un proceso de licenciamiento sino un seguimiento riguroso y que tanto la entidad como las corporaciones deben hacer parte de todos los proceso que lleva a cabo el zoocriadero.

Pero quedan dudas cuando la misma entidad  en un comunicado de prensa expresa que “la recolecta autorizada en la modificación de la Licencia Ambiental, se relaciona con especies silvestres, que no están en vía de extinción, en diferentes áreas de distribución, y estarán supervisadas por esta Autoridad y por cada Corporación Autónoma Regional”.

Ni el primer proceso de captura realizado en Valle del Cauca contó con la presencia de la CVC para hacer la verificación, ni las especies autorizadas por la ANLA no están en peligro de extinción o categoría de riesgo pues la misma licencia y la ley colombiana lo aceptan.

Las categorías de las especies de anfibios fueron basadas en el Libro Rojo de Anfibios de Colombia del año 2004. Pero en la actualidad, para el país se ha actualizado la evaluación del riesgo de extinción de más de 820 especies, de las cuales 292 están en alguna categoría de amenaza y 223 de estas son endémicas. Por lo pronto, estas nuevas categorías se pueden consultar en las listas rojas de la UICN pero se espera que próximamente el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible adopte las categorías para las especies endémicas de anfibios que están amenazadas.

Aves como la cotorra de Perijá y la Tángara multicolor están en categoría de amenaza para Colombia con el riesgo de pasar de una categoría a otra, entonces ¿con qué información se tomaron decisiones para entregar una licencia en menos de cuatro meses?

Somos el primer país del mundo en aves con más de 1900 especies, tenemos el 10 % de los anfibios de todo el planeta, de los cuales casi 433 especies son endémicas, es decir, que solo habitan en Colombia y 296 especies están en riesgo de extinción. “Por el solo compromiso de conocer lo que tenemos, ya hay un deber ético y moral que nos debe llamar a conservar, sino lo hacemos nosotros nadie más lo hará”, concluye Nicolás Urbina. ¿Están en peligro los tesoros de Colombia?

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