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Gonzalo Cardona Molina, un ángel con alas de loro

Gonzalo Cardona Molina, fue el primer líder ambiental asesinado en Colombia según Indepaz y hoy es un ángel con alas de loro.

El pasado 8 de enero la Fundación ProAves y las autoridades del departamento del Tolima alertaron la desaparición de un líder ambiental en el departamento. Gonzalo Cardona Molina, era el coordinador de la Reserva ProAves Loros Andinos y  guardián del loro orejiamarillo y la última vez que lo vieron fue en en la vereda La Unión, en el departamento del Valle del Cauca, en el camino que conduce de Barragán hacia Roncesvalles lugar en el que vivía.

Tres días después su cuerpo fue encontrado en el municipio de Sevilla Valle del Cauca, en la vereda La Unión y al parecer lo asesinaron a tiros, un hecho que hoy está en investigación por parte de la Fiscalía.

Alexander Tovar, secretario del Interior del Tolima aseguró que no conocían amenazas en contra del líder y recordó que desde la Gobernación del Tolima se tiene activada una ruta para las personas en riesgo que han denunciado su situación de vulnerabilidad. “No tenemos registrada ninguna amenaza, por lo que apenas se finalice con el levantamiento comenzaremos con el proceso de investigación, que pasará a manos de la Fiscalía”, agregó.

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Sin embargo la Fundación Proaves en un comunicado, aseguró que el líder tenía una alta vulnerabilidad, su lucha por el estado de los loros orejiamarillo lo ponían en situaciones que amenazaban su vida, pero para Gonzalo, lo más importante era que los loros estuvieran a salvo, explica la organización.

Durante más de 20 años, afirma la Fundación ProAves, “Gonzalo acompañó incansablemente a estos loros para asegurarse de que no fueran cazados y su hábitat no fuera destruido. Lo hizo de una manera carismática en un momento de inmenso peligro e incertidumbre. Constantes batallas y escaramuzas entre militares y guerrilleros lo colocaban en situaciones que amenazaban su vida”.

Las amenazas no fueron solo para el loro, afirma la organización conservacionista, también  para Gonzalo personalmente. “En ocasiones había sido amenazado por muchos bandos incapaces de comprender su amor por la especie y su desinterés en la política. Los eternos enemigos de la paz, asumieron que él tenía otros motivos, cuando simplemente estaba impulsado a hacer algo diferente”.

Loros orejiamarillo, foto Oswaldo Cortes
Loros orejiamarillo, foto Oswaldo Cortes

En sus últimos días, durante el pasado mes de diciembre, Gonzalo alcanzó a realizar el último censo nacional del loro orejiamarillo y la cotorra coroniazul, su libreta arrojaba un número aún impresionante para él mismo: 2.895 loros en Roncesvalles. La alegría desbordó su corazón con el orgullo del deber cumplido.

Gonzalo murió con la bandera en alto, su alma mantendrá esa sonrisa amplia que siempre lo caracterizó, se fue con el espíritu tranquilo por haber luchado tantos años por la conservación de las aves que lo motivaban a educar, a compartir su conocimiento y deambular territorios inseguros solo por verlas volar por los cielos y colgarse de las palmas como flores de colores en un espectáculo inolvidable.

“Hoy Colombia no solo perdió otra vida preciosa, Roncesvalles perdió a un líder ambiental y al mejor de sus hijos, su familia a un ser muy amado y nuestro Loro orejiamarillo a su padre y salvador”, finaliza la Fundación Proaves.

Un amor a primera vista

Gonzalo estuvo vinculado con ProAves desde 1998, hace 23 años cuando la fundación llegó a Roncesvalles, departamento de Tolima, lugar de donde es oriundo Gonza como lo llamaban sus amigos.

Con el sueño de salvar al loro orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis) de su extinción en Colombia, él comenzó a trabajar por la conservación de la biodiversidad de su municipio.

Gonzalo era el Coordinador de la Reserva ProAves Loros Andinos, ubicada en la vereda La Yerbabuena en Roncesvalles,  y fue considerado como “una de las personas que más conocimiento tenía del loro orejiamarillo en Colombia”; además, era un experto en la regeneración de la Palma de cera (Ceroxylon quindiuense), árbol nacional.

Durante más de dos décadas, apoyó a  ProAves en expediciones, censos y monitoreos que aportaron a la historia natural del loro orejiamarillo y de otros loros andinos. Gonzalo siempre nos ha inculcado su amor incondicional por la naturaleza aseguró la fundación y reafirmó lo que les decía: “Uno tiene que amar el medio ambiente, esas cosas las va llevando uno en el corazón”.

“El  día que Gonzalo se enteró de la necesidad de apoyar la conservación de un loro que veía durante sus jornadas de vaquería, no tuvo la más mínima duda y se entregó enteramente para salvar a la especie más majestuosa y carismática de Colombia”, el Loro de colores amarillo y verde , ese que saca la cabeza entre las palmas huecas y vislumbra desde la altura, las montañas con tapices de bosque, ahí cuida de sus crías y alborotado sale, riega miles de semillas y vuelve a su sitio desde donde observa ese universo con el que muchos quieren acabar así como lo hicieron con su protector.

Con 81 individuos sobreviviendo en la Cordillera Central de Roncesvalles y con las campanas de alarma sonando, era evidente que se necesitaban acciones urgentes para salvar a la especie, ante lo cual, solo una persona más que cualquier otra, dio un paso al frente para responder al llamado y salvarla; al irse había contado 2.895 loros en Roncesvalles.

A Gonzalo sus amigos y un país entero le dan las gracias por su trabajo y por ser el protector del patrimonio que pocos cuidan, el ángel con alas de loro que voló a su propio paraíso.

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