Cannabis de uso a adulto, un tema económicamente viable

[vc_row][vc_column][social_buttons style=”simple”][vc_column_text text_larger=”no”]El año pasado se presentó en la Cámara de Representantes un proyecto legislativo que consistía en regular el uso del cannabis recreativo y unificar la actual normativa con el uso científico. Cumpliendo con la prohibición de consumo en áreas públicas, zonas comunes, semiprivadas y entornos escolares; además de crear políticas de prevención y atención al consumidor.

Dicho proyecto se votó con 102 en contra y 52 a favor, a pesar de una buena estructuración de su articulado e incluir en la sustentación el análisis como la prohibición está relacionada con diversas problemáticas por ejemplo los homicidios en el Cauca por los cultivos ilícitos.

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La expansión del mercado de las sustancias ilícitas ha dejado grandes ganancias económicas concentradas en pocas manos, miles de muertos, desplazamiento forzado, quema de bosques y un estrecho vínculo del narcotráfico con la política.

47 años de guerra ha demostrado no solo en Colombia sino en Latinoamérica, que el trato frente al consumidor debe ser diferente al de criminalizar y estigmatizarlo. Activistas e influenciadores de ciudades como Bogotá, Medellín, Buenos Aires, Ámsterdam, California, México han solicitado a los Estados un trato diferente al militar y punitivo.

La legalización como alternativa al prohibicionismo fortalece al Estado porque, de un lado, puede limitar el poder corruptor del narcotráfico al restarle ingresos y, con ello, capacidad de influencia política y social; y de otro lado, porque el Estado, al reconocer un marco de existencia legal para un ciudadano diferenciado, el cual ahora actúa forma colectiva y organizada para reclamar lo que considera el contenido de un derecho: el consumo de  marihuana sin ser perseguido y castigado, lo cual funge efectivamente como el garante de la democracia contemporánea que da lugar a la pluralidad.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”6517″ img_size=”large” add_caption=”yes” alignment=”center” parallax_scroll=”no”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text text_larger=”no”]En 2013, Uruguay se convirtió en una de las naciones pioneras en la legalización de forma recreativa, cuando ni siquiera es legal de forma medicinal. Con esta medida, se pretende reducir la venta ilegal, garantizar la calidad y limitar el mercado negro. Hasta la fecha los resultados han sido satisfactorios. Una dimensión del éxito de la legalización se centra en la reducción de costos: un gramo paso de 4 a 1.3 dólares en este país, y el consumo se ha limitado a 10 gramos por persona a la semana. También el gobierno pronostica que se ha frenado el narcotráfico y se han sacado del mercado ilegal a por lo menos 12.000 personas.

Otro caso muy sonado, ocurrió el 17 de octubre de 2018, cuando Canadá se convirtió en el primer país del G20 en permitir la venta y el consumo de marihuana con fines recreativos a nivel federal. Los datos revelados por el Departamento de Estadísticas, a través de la Encuesta Nacional de Cannabis, muestra que en los primeros meses de la legalización las ventas sumaron 676 millones de dólares canadienses ($1.883.873.130.642 COP). Solo entre junio y julio de 2019 las compras aumentaron 14% por lo que en el séptimo mes del año vendieron 104 millones de dólares canadienses en productos asociados a la marihuana recreativa.

Durante la pandemia y la recesión económica, Estados Unidos ha tomado medidas para el uso y posición de la marihuana, solo en Washington creció la venta en un 26% y en California un 46% según un informe de CNN noticias. La legalización del cannabis en varias regiones y países del mundo va en aumento, según un análisis de Euromonitor, apunta que en los próximos cinco años el crecimiento del sector podría ser del 376%.

“El cannabis ya es una industria global de casi US$170.000 millones, pero el mercado legal actual es de aproximadamente US$30.000 millones”, dijo el director sénior de nicotina y cannabis en Euromonitor International, Shane MacGuil, teniendo en cuenta que el uso recreativo tendrá el 67% de las ventas legales a nivel mundial en 2025, mientras que el medicinal representará solo el 9%.

Es un negocio lucrativo, o al menos podría serlo si le permiten prosperar dentro de un clima legal favorable. Si se llega a legalizar a todos los niveles, la marihuana tiene el potencial de generar ingresos, proporcionar puestos de trabajo y ahorrar millones de dólares en hacer cumplir la ley.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”6519″ img_size=”large” add_caption=”yes” alignment=”center” parallax_scroll=”no”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text text_larger=”no”]A medida que avanza la regulación, se espera que el mercado legal capture el 40% de las ventas mundiales de cannabis en 2025 y las empresas podrán aprovechar una gran base de usuarios existente. De acuerdo con las recientes cifras, la producción mundial correspondería a unos $600 billones, cerca del PIB colombiano.

Un estudio realizado por Fedesarrollo, indica que, si la industria se consolida por cada 470 hectáreas, se podría generar 7.700 nuevos empleos y podríamos convertirnos en el primer productor mundial. Así también lo recalca Juan Carlos Echeverry, ex ministro de Hacienda y Crédito Público, quien expone distintos puntos a favor de la legalización. Echeverry dice que las exportaciones generarían ganancias entre 2.300 y 17.700 millones de dólares y la oferta laboral sería tan grande como la generada por la industria de fabricación de plásticos o de la producción de hortalizas (Tiempo, 2019).

Por otro lado, según la firma E-Concept, los empleos nuevos podrían ascender a 100.000 e inclusive podrían “superar el recaudo fiscal de todo el sector agrícola” (El Tiempo, 2019). Adicionalmente, la misma firma asegura que Colombia no puede perder tiempo y debe legalizar para poder posicionarse en el mercado mundial a corto y mediano plazo, para así aprovechar el potencial en la reducida competencia (El Tiempo, 2019).

Pero no es el momento de hacerse el de la vista gorda y esperar que otras naciones sean las únicas beneficiadas de la producción colombiana. Aunque genere controversia esto debe estudiarse no desde un enfoque subjetivo si no de una ayuda excepcional con altos beneficios para la nación. Perder el apoyo económico de otras naciones a corto plazo, no tiene comparación con las ganancias, empleos, y, sobre todo, enclaves para el proceso de paz generando economías a mediano y largo plazo.

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