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Cóndores en el Corazón del mundo

En un apiario en la parte alta de la Sierra Nevada de Santa Marta sorprendo a Tony, mientras hablamos, el zumbido de las abejas y los trinos de los pájaros al fondo son parte de nuestra conversación. “Estoy aquí, sacando un poco de miel para venderla y así tener los viáticos que necesito para poder subir al censo de cóndores”, el primero en Colombia.

Tony Cala, como se hace llamar, es campesino, aficionado a la fotografía, amante de la naturaleza y es uno de los 200 voluntarios que desde el sábado 13 de febrero, estarán sobre las montañas, con binoculares en mano, contando cóndores para decirle al país cuantos individuos tiene Colombia. Una cifra sobre la que hoy se especula (130) pero no se tienen datos concretos. Lo que si se sabe, es que el cóndor en Colombia según estimaciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza UICN, está en Peligro Crítico de Extinción y es importante conocer con exactitud cuál es el estado de sus poblaciones para tomar medidas urgentes de conservación.

Tony vive en San Pedro de la Sierra, un caserío enclavado en las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Este corregimiento del Municipio de Ciénaga, es el punto de partida para llegar hasta la parte alta del macizo en los páramos en un lugar conocido como El Placer, en los que, varias lagunas de color azul calipso, paren ríos como el Sevilla.

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Para llegar a los 2600 metros sobre el nivel del mar, altura en la que empiezan a ver cóndores, Tony y un fotógrafo amigo, personal de Parques Nacionales y estudiantes de la Universidad del Magdalena, se unieron al censo y estarán en campo durante tres días. ”Esa es la gente que se necesita, la que le pone el alma”, afirma Tony.

Caminaron 30 kilómetros por trochas en las montañas del macizo independiente más grande de Colombia, el corazón del mundo y en el páramo, un lugar rocoso, con vegetación enana y diferente al resto de los páramos del país, esperarán durante tres días para contar simultáneamente cuántos cóndores hay en la Sierra y de esos, cuántos van y vienen en el mismo día a la Serranía de Perijá, teniendo en cuenta que un cóndor puede volar hasta 300 kilómetros en un sólo día.

Tony Cala es un campesino de la Sierra, fotógrafo aficionado y observador de cóndores.
Tony Cala es un campesino de la Sierra, fotógrafo aficionado y observador de cóndores.

La metodología que han planeado con la Fundación Neotropical, líder del evento, es perfecta para no contar en el mismo día al mismo individuo recorriendo del macizo a la cordillera.

Tony salió desde San Pedro el jueves, fueron dos días de camino, con la carga al hombro, una mochila con comida, una carpa playera “porque eso es lo que se tiene”, algunos plásticos para cubrirla de la lluvia y muchas ganas.

Le tengo mucho aprecio al cóndor, para los indígenas de la Sierra Nevada es un animal sagrado y para mi es muy especial, cuenta Tony, “Es muy bacano ver un animal tan imponente volando, desde que los vi por primera vez les tuve mucho apreció pero fui yo el que en febrero del año 2018 tuve que dar la noticia de la muerte de dos cóndores, fue muy triste ver un juvenil volando bajito, cerquita, mansito y de repente encontrar dos adultos muertos envenenados, eso es doloroso”.

La experiencia le permitió generar mayor pertenencia sobre la especie que ya era valorada por Tony, asistió al primer Congreso Nacional del Cóndor Andino que se realizó en Valledupar y se conectó con la Fundación Neotropical, eso le permitió hoy, ser uno de los observadores y protectores del cóndor, que aportará con su información a conocer el estado de la especie y sus poblaciones.

Del Mar a la Montaña
Más al norte, José Luís Puchaina, un indígena de la etnia Wayúu, se irá del mar a la montaña para censar cóndores y conocer al mensajero del sol.

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