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La Pasionaria de Mariquita, una especie lázaro hallada después de 230 años

La Passiflora mariquitensis, flor endémica del Bosque de Mariquita, una reserva forestal natural ubicada al norte del departamento del Tolima en Colombia, fue vista por última vez hace más de 230 años durante la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada liderada por José Celestino Mutis entre 1783 y 1816.

El bosque por el que José Celestino Mutis caminó analizando hojas, flores y semillas, guardaba como uno de sus mejores secretos los pasos del naturalista y los rincones entre los que se resguardaría tímidamente por más de 200 años la Pasionaria de Mariquita, esa planta de flor amarilla y blanca registrada tan solo en las ilustraciones de un libro que quedo guardado al otro lado del charco y que al no ser vista nuevamente en el bosques, fue considerada extinta.

De la Passiflora mariquitensis no había hojas, flores secas,  ningún rastro ni evidencia física guardada de 230 años atrás cuando Celestino Mutis, fascinado por ese rincón del mundo ubicado entre el río grande de la Magdalena y la cordillera central, lugar en el que montaron el laboratorio científico vivo más grande de la época, clasificó la planta como nueva o no registrada para la ciencia cuando su ayudante el naturalista Juan Eloy Valenzuela se topó con ella. Una planta de un follaje como cualquiera y una flor inconfundible pero esquiva durante cientos de años.

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Justamente  eso le permitió pasar desapercibida entre el bosque casi extinto del que hoy solo se conservan como reserva forestal protectora casi 600 hectáreas de bosque seco llenas de secretos de una expedición que le mostró al mundo que Colombia era un país con una enorme diversidad.

Los registros de la Passiflora mariquitensis o Pasionaria de Mariquita quedaron tatuados en un dibujo a lápiz, tinta y la aguada sobre papel  con colores en las que prevalece el amarillo y el blanco en una ilustración seguramente realizada por Francisco Javier Matís, artista y dibujante de la expedición. Ese registro, después fue a parar al Museo de Historia Natural de Madrid en donde no hay evidencias físicas de la planta y su flor como parte de una colección, solo la lustración.

Las láminas de la Expedición Botánica son más de 7.000 mil de esas 2.000 mil fueron de la primera sede viva de la expedición, el bosque seco de Mariquita y sus alrededores, evidencias a color que sobrevivieron a la hostilidad de las guerras de independencia colombiana y posteriormente a la civil española, pero finalmente el tesoro botánico que quedó resguardado en Madrid, fue dado a conocer al público luego de los acuerdos culturales entre Colombia y España celebrados en 1952.

Una nueva oportunidad

Según UN Periódico Digital de la UNAL, en 2007, el ingeniero agrónomo John A. Ocampo Pérez, Ph. D. en Recursos Genéticos y Mejoramiento y profesor de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, emprendió una búsqueda de la Pasionaria de Mariquita.

Durante años se internaron en los bosques de Cundinamarca, Antioquia, Caldas, Quindío, Valle del Cauca, los  Llanos Orientales, Risaralda y Tolima en busca de la Pasionaria de Mariquita, con la esperanza de encontrarla escondida en cualquier lugar parecido al original, además de buscar un mínimo rastro físico en herbarios para asegurar sus características.

Según  el investigador Jhon Ocampo el trabajo fue dispendioso, sumado a una revisión histórica de botánicos que en el pasado la hubieran registrado, “pero tampoco se encontró en 16 herbarios que visitamos en todo el territorio nacional y en el herbario del Museo de Historia Natural de Madrid, en España, donde están las colecciones originales de José Celestino Mutis de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada”.

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A esa búsqueda se unió José Orlando Velásquez, un botánico ilustrado por la naturaleza quien, desde sus conocimientos empíricos y con el apoyo de su hija Adriana Isabel Velásquez Gamboa, bióloga botánica de la Universidad del Tolima, decidieron internarse en el Bosque de Mariquita durante años para encontrar la Passiflora mariquitensis.

Reconocerla no sería una tarea sencilla y menos en un relicto de bosque del que hoy se conserva una pequeña porción de la original estudiada en 1794, año en el que hicieron el registro de la planta y su flor, de la que solo quedó como evidencia una ilustración.

José Orlando y Adriana escarbaron entre el bosque seco de Mariquita ya casi ausente en Colombia, recorrieron cada centímetro por años hasta encontrar una planta parecida, de ella se llevaron un racimo de hojas sin flores con la intuición de estar frente a la pasionaria y esperaron con fe que en el patio de su casa una estaca se prendiera al suelo con fuerza, lejos de su ambiente.

Puede escuchar el podcast  aquí sobre la Pasionaria de Mariquita

Durante cinco años cuidaron la planta hasta que en 2019  brotó una flor de pétalos blancos con una vistosa corona de color amarillo dominante mirando al sol, de una belleza pomposa con estambres inquietos que se escapan de la corona, y un saco verde intenso que colgaba de la planta y en él, semillas como las de las granadillas.

Con esa evidencia confirmaron que se trataba de la Passiflora mariquitensis habitante tímida del bosque que ya había sido considerada extinta pero que en esta ocasión estaba creciendo fuera de su habitat.

Actualmente se hizo el proceso de descripción botánica y con la planta en la mano el reto que enfrentan para conservarla es grande sobre todo cuando de ella sólo existían trazos. “Además, no existía material vegetal seco de referencia en los herbarios sino solamente una pintura, una iconografía que está en el Museo de Historia Natural de Madrid. Ahora tenemos semilla, tenemos planta, la podemos tocar y ver, y la idea es preservarla como símbolo de conservación en el municipio y también en el departamento y en Colombia”, afirma el investigador de la Universidad Nacional Jhon Ocampo.

Para una planta que está restringida a un relicto de bosque de no más de 600 hectáreas, la presión que tiene el ecosistema, el cambio climático y la variabilidad climática entre otros factores  que podría afectarla se convierten en sus principales presiones y por eso urgen medidas de conservación.

Ahora urge hacer una donación al tropicario del Jardín Botánico de Bogotá, y si se tienen semillas disponibles, llevarlas a bancos de germoplasma para hacer regeneración y devolverlas posteriormente al bosque seco. Además de multiplicar las semillas, también se espera hacer una multiplicación vegetativa de la planta para poder introducirlas nuevamente al bosque y que haya mayor número de individuos concluyen los expertos de la Universidad Nacional.

Con información y Fotografías de UN Periódico de la UNAL 

*Ilustración Portada Pasionaria de Mariquita Benjamín Cárdenas Valderrama.

*Fotos John A. Ocampo Pérez.

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