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¿El vivo vive del bobo?

Texas es uno de los estados más conservadores y ricos de los Estados Unidos de América, también  de los más competitivos. Es el mayor productor de energía del país. Para ser más eficiente en sus tarifas no promovía las reservas de energía y se desconectó del sistema nacional. Uno de sus representantes en el Congreso, Roger Williams, dijo: «Texas es la encarnación de la libertad con impuestos más bajos y menos regulaciones que cualquier otro lugar de los EE. UU.»

No obstante, fue el estado más golpeado por el temporal de frío ártico de febrero de 2021, precisamente por sus decisiones competitivas.

¿Qué es ser competitivo? Una persona (o una organización) competitiva quiere ganarlo todo, quiere todo para sí misma. «Competitivo» es el eufemismo del mundo de los negocios para «egoísta». Son competitivos quienes corren  por las sillas cuando se abren las puertas del bus en Transmilenio como los que contienden por curules y sillas presidenciales.

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Su polo opuesto son los «cooperativos». Estos prefieren el bien común por encima de su propio bienestar. Son aquellos que, aun a riesgo de no subir al bus, ceden el paso a la turba que da empellones para entrar primera al medio de transporte. Son los que se detienen ante la luz amarilla del semáforo y los que respetan el límite máximo de velocidad permitido; los que son capaces de postular a otro, cuando les ofrecen una oportunidad, porque consideran que lo puede hacer mejor o aprovechar más que ellos mismos. Evidentemente, para distribuir bienestar son mejores los cooperativos, pero estos rara vez se candidatizan.

La naturaleza, en su sabiduría, provee al mundo de cooperativos, intermedios y competitivos porque todos son necesarios para que el colectivo sobreviva. Hay situaciones en las cuales es necesario competir y otras en las que lo mejor es cooperar.

Establecer si alguien es competitivo o cooperativo, o una mezcla de ambas características, es importante para las organizaciones dedicadas a los negocios, para ubicar a los empleados en las posiciones donde son más productivos y convenientes, según las tareas. Si bien los competitivos siempre tienen actitud ganadora, no siempre esta es la disposición óptima para todas las responsabilidades. El ejemplo de Texas durante la ola de frío polar nos muestra que no siempre el más competitivo sale mejor librado.

El ejemplo de Texas durante la ola de frío polar nos muestra que no siempre el más competitivo sale mejor librado.
El ejemplo de Texas durante la ola de frío polar nos muestra que no siempre el más competitivo sale mejor librado.

Eso sí, la interacción entre competitivos y cooperativos extremos no es provechosa para los últimos. Si de repartirse un ponqué entre los dos perfiles se tratara, el competitivo se llevaría el bizcocho completo y el cooperativo quedaría feliz de haber ayudado a su semejante dándole su parte. Nuestra sociedad y nuestra cultura parecen proclives a los competitivos. En Colombia tenemos un vallenato de Marciano Martínez que lo expresa claramente: El vivo vive del bobo.

La relación entre competitivos también tiene sus riesgos para la sociedad, el urbanismo nos ofrece costosos ejemplos: 13 proyectos desechados del metro de Bogotá y 78 años de espera nos muestran la gran dificultad que tienen nuestros políticos y administradores públicos para cooperar y compartir objetivos y prestigio con predecesores y sucesores, ídem entre la entidad territorial y el gobierno nacional, cuando no son de la misma cuerda política. Sucede lo mismo con el área metropolitana de Bogotá, que no se ha podido constituir legalmente porque los municipios llamados a conformarla no quieren o no pueden cooperar.

¿Por qué hay tantas instituciones que privilegian a los competitivos y relegan a la cooperación? En las elecciones del Ejecutivo el ganador se lleva todo. ¿Por qué no podrían todos los candidatos y partidos recibir un porcentaje de poder equivalente a su capital electoral y gobernar de manera cooperativa?, eso sería mucho más representativo. ¿Será que lo que conocemos como democracia ha sido concebido desde siempre por los competitivos e impuesto a los demás?

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Hay otras instituciones competitivas veladas: las evaluaciones individuales y clasificatorias en la educación para establecer quién es el mejor de la clase o el más pilo del país; las estúpidas rencillas entre profesiones cercanas o entre universidades; otros cargos por elección popular, y la guerra, la corrupción y el crimen como mecanismo de acceso a los recursos. ¿Se le ocurre alguna otra?

En temas como la vivienda social o el empleo, la postura de nuestro país es competitiva, lo cual se traduce en un «sálvese quien pueda» o un «hágalo usted mismo» para los ciudadanos; para conseguir satisfacer dichas necesidades la sociedad le colabora muy poco al individuo.

¿Por qué los estudiantes de posgrado de Administración de Negocios reciben esta información y no todo el mundo, en momentos más tempranos y oportunos de la vida? Mucha gente talentosa no hubiera escogido la carrera o la actividad económica que tiene si supiera de antemano que su capacidad para negociar una retribución acorde con sus esfuerzos, conocimientos y habilidades es nula, porque es extremadamente cooperativa. Los ingresos de una pareja de cooperativos siempre estarán en peligro y un divorcio entre un competitivo y un cooperativo puede ser muy desfavorable para el segundo.

¿Por qué todos tenemos que vivir en el capitalismo, si a los cooperativos no les favorece?

¿Cómo vamos a alcanzar la transición energética o la resiliencia climática si nos lideran personas y empresas competitivas?

About José Fernando Cuello Cuello

Arquitecto de la Pontificia Universidad Javeriana, especialista en Ambiente de la Universidad de los Andes, magíster en Gestión Urbana de la Universidad Piloto de Colombia y en Administración – MBA de la Universidad de los Andes. Experto en Ordenamiento Territorial, Ecourbanismo y Gestión Ambiental.

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