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¿Qué hay detrás de los episodios de maltrato animal en Colombia?

Las redes sociales visibilizan el maltrato continuo de animales silvestres y domésticos en uno de los países más biodiversos del mundo y no es una novedad. Colombia históricamente ha sido un país violento que se ensaña contra la gente, los animales y la naturaleza con actos que hablan de una sociedad desconectada, con poca educación frente a la relación con los animales y la naturaleza y una legislación débil. Pero ¿qué hay detrás de los episodios continuos de maltrato animal en Colombia?

Andrea Padilla, una animalista entregada a la causa y amante de los animales hasta los tuétanos, es concejal, crítica del maltrato y esclava de las soluciones. Sus llamados de atención a las instituciones responsables de la protección animal no paran, su desprecio ante los verdugos y sus jucios ante la negligencia y la falta de acción marcan a la activista que lucha sin cansancio por los derechos de los animales.

Andrea habló con Natural Press sobre el maltrato en Colombia y en cuatro respuestas hizo un radiografía de lo que somos y de lo que tenemos que ser frente a nuestra marchita relación con los animales.

Son repetitivos los episodios, las zarigüeyas son vistas como enemigas, despreciadas, apuñaladas, pisoteadas y golpeadas hasta el cansancio. Este año más de tres casos se han hecho virales, la última perdió un ojo y a sus crías como consecuencia de la golpiza que le dieron pobladores del sector urbano del Municipio de Mantilla en el Oriente Antioqueño.

¿Por qué son tan repetitivos los actos de maltrato en Colombia, qué tipo de sociedad maltrata a los animales con tanta sevicia?

Detrás del uso, el maltrato y la explotación de los animales hay una idea que está relativamente extendida en la sociedad: que el ser humano es el centro del universo y único sujetos de derechos, por lo cual puede disponer de los demás animales para satisfacer sus necesidades. En Colombia, los problemas de esa ética antropocéntrica se suman a otros obstáculos institucionales y normativos: no existe una política pública de protección animal, las leyes existentes a menudo son inoperables, ineficaces, están plagadas de excepciones, y muchas autoridades no están interesadas o no tienen el conocimiento para atender casos de maltrato.

En octubre, una tortuga carey, una especies en peligro, fue atacada con cuchillos y arpones por habitantes de  San Andrés, la brutalidad en la Isla no es comprensible. A principio de 2020 el Director de la autoridad ambiental Coralina, entre lagrimas y una enorme indignación no pudo finalizar su rueda de prensa cuando estalló en llanto por el maltrato a otra tortuga. Una más en la lista, apuñalada y dejada a su suerte.

Parece que la agresión en contra de las tortugas y los animales que sustentan los ecosistemas de la Reserva de la Biosfera Seaflower se normaliza. Un tiburón años atrás fue sacado a golpes del mar, lo esperaron con machetes y acabaron con su vida sin razón, era una especie típica de los arrecifes coralinos.

Andrea, ¿qué cree que hay en el sentimiento colombiano que permite maltratar con saña, una tortuga, un oso hormiguero o balear un venado y dejarlo a su suerte?

Este tipo de casos demuestra que aún existe una falta de empatía (la capacidad de sentir con el otro) generalizada en nuestra sociedad. La gran mayoría de los animales más explotados en el mundo comparten con el ser humano la capacidad de sentir. Por esa sencilla pero contundente razón no debería ser difícil imaginar el infierno que les hacemos padecer. Aunque cada vez más personas reconocen la necesidad y la urgencia de proteger a los animales, aún hay muchos que sólo se interesan en defender su propio privilegio e interés y que se resisten al cambio. Si a eso le sumamos la ignorancia (alimentada por múltiples fuentes; por ejemplo, por creencias religiosas y mera superchería), la pobreza en regiones (que lleva a buscar el dinero fácil; por ejemplo, el tráfico de animales silvestres) y la fragilidad institucional o la ausencia de estado, es fácil concluir que los animales están en la mayor condición de vulnerabilidad.

Y es así, los animales son fuertes, resisten a pesar del maltrato; otros son sacados de sus hábitats para ser vendidos como mascotas a personas que poco o nada les importa el valor que un solo animal presta en un ecosistema. También son objetos de tiro al blanco como el venado que murió en manos de las autoridades ambientales del departamento de Cauca después de haberlo encontrado baleado y moribundo, su abandono es una clara señal de desprecio.

Frente a la prohibición de la caza en Colombia y lo que sucedió con el venado en Cauca, ¿cuál es la responsabilidad de las autoridades?

Con la sentencia que prohibió la caza deportiva en Colombia, las personas que realicen esta actividad podrán ser castigadas por las autoridades penales y administrativas. Cuando este tipo de disposiciones generales entran en vigencia, el reto es volverlas aplicables y eficaces: que las autoridades reconozcan la importancia de perseguir el maltrato animal, que asuman su tarea con valentía y diligencia, y que los funcionarios encargados de cumplir las normas tengan un conocimiento técnico adecuado.

Si el uso de animales silvestres como blanco de diversión es preocupante, la violación y el abuso sexual de animales silvestres y domésticos como los casos recientemente conocidos es Bogotá son una muestra clara de una sociedad enferma y sin miedo a las leyes, quizá por negligencia de las mismas autoridades que no, la hacen valer. La vimos indignada y llena de dolor en redes sociales Andrea.

¿Cuál es el camino para cambiar como país, necesitamos más leyes y educación?

Para proteger a los animales que habitan en el país y mejorar sus condiciones de vida es necesario un esfuerzo doble: por una parte, que el Estado asuma su responsabilidad en la protección de los animales. Esto incluye revisar las normas vigentes para corregir fallas en su aplicación, ampliar el ámbito de protección legal que ha existido hasta ahora para que ampare a todos los animales y formular una política pública de protección animal robusta. Por otra parte, también es necesario que las instituciones educativas y el Estado promuevan la consideración moral de todos los animales y una ética de la protección que no sea antropocéntrica.

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