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El verdugo de la conservación en Colombia

El verdugo de la conservación en Colombia

José Orlando Feliciano Cáceres ha sido presentado como un “Héroe al Rescate Animal” por la Fundación Natibo, realizadora de documentales destinados a resaltar el trabajo de diversas personas dedicadas a la conservación. Pero las evidencias contenidas en este informe plantean la duda sobre la realidad que ha sido presentada hasta ahora, ¿Héroe o Verdugo de la conservación?

Son 31 años de experiencia los que acreditan el trabajo del médico veterinario colombiano, Orlando Feliciano Cáceres, un conservacionista reconocido nacional e internacionalmente por ser el líder en Colombia de la protección de dos especies emblemáticas para el país, el Cóndor Andino (Vultur gryphus) y el Oso de Anteojos (Tremarctos ornatus).

Cóndor de los Andes

Cóndor de los Andes - Vultur gryphus

Su paso por la conservación inició en 1989 como voluntario del Programa de Conservación del Cóndor de los Andes en Colombia, un proyecto de repoblamiento de la especie con animales nacidos en cautiverio en el zoológico de San Diego Estados Unidos y liberados en los Andes Colombianos.

Su trabajo le permitió coordinar por una década el Programa para la Conservación del Cóndor Andino con la Fundación Renacer y años más tarde su experticia lo llevó a trabajar con la especie en Ecuador y Venezuela, aportar sus conocimientos en el Zoológico de San Diego con Cóndor Californiano (Gymnogyps californianus) y a participar en el programa de conservación del buitre en Francia, según el mismo veterinario lo ha dado conocer.

Lo que empezó con un voluntariado siendo apenas un estudiante, lo proyectó como un verdadero héroe de la conservación 20 años después y su reconocimiento le permitió incursionar en el mundo de la protección de otras especies.

En una reciente entrevista concedida a la revista Bocas del diario colombiano El Tiempo, Orlando Feliciano cuenta cómo en el año 2002 fundó Bioandina Colombia una organización homónima de BioAndina Argentina dirigida por Luís Jácome, un reconocido conservacionista con enorme prestigio internacional gracias al Programa de Conservación del Cóndor Andino en su país.

Bajo el nombre de la prestigiosa organización con sede en Colombia, Orlando Feliciano continuó el transito por la conservación del cóndor con el aporte de varias Corporaciones Autónomas Regionales interesadas en proteger la especie, y así fue ampliando su espectro en la conservación de otras especies como el Oso de Anteojos además de la rehabilitación integral de especies de fauna, victimas del tráfico ilegal.

La realización de convenios interinstitucionales entre Bioandina Colombia y entidades del sector ambiental, le permitieron tener cuantiosas sumas de dineros públicos para el mantenimiento de animales silvestres entregados al médico veterinario por las Corporaciones Autónomas Regionales bajo la premisa de su experiencia y buen manejo animal con el fin de rehabilitar y liberar a la vida silvestre los animales decomisados.

Para tal fin, el veterinario, aportaba al proceso dos instalaciones improvisadas que mantenía con recursos de las entidades ambientales que no tenían centros de recepción de fauna para la tenencia, rehabilitación y futura liberación de los animales.

Centro de Rehabilitación de Especies de Alta Montaña - Bioandona - Guasca, Cundinamarca
Centro de Rehabilitación de Especies de Alta Montaña - Bioandona - Guasca, Cundinamarca

Natural Press visitó a principios de 2018 el centro privado de recepción de fauna propiedad de Orlando Feliciano, ubicado en Mesitas del Colegio en Cundinamarca a escasas dos horas de la capital del país y confirmó las condiciones de abandono a los que estaban sometidos más de 600 ejemplares de fauna silvestres, que eran mantenidos en malas condiciones de higiene y salubridad. La visita fue motivada por varias denuncias de maltrato animal, que dieron origen al título de la investigación.

Desde ese momento nos vimos en la tarea de recoger los testimonios necesarios y las pruebas que nos permitieran demostrar que Orlando Feliciano, el Héroe al rescate animal, el Titan Caracol, es el antihéroe de la protección animal, un verdugo de la fauna en Colombia.

Ex Trabajadores Denuncian y Entregan Pruebas

Encierros en malas condiciones, comida en descomposición, hacinamiento y crueldad animal, empleados alicorados disparando armas de fuego, animales en custodia muertos en extrañas circunstancias y prácticas antitécnicas y antiéticas han sido denunciadas por biólogos y veterinarios que han recompilado durante años información que compromete seriamente la idoneidad e integridad del popular veterinario.

Un importante número de personas de diferentes profesiones relacionadas con la protección y conservación de la fauna silvestre se han mostrado dispuestas, no sólo a narrar sus dolorosas e indignantes experiencias, también han aportado pruebas documentales en fotografía y video presentadas en esta investigación que recoge testimonios de ex empleados de Orlando Feliciano desde el año 2007.

Las dos veterinarias que accedieron a narrar sus experiencias y aportar pruebas documentales para esta investigación, solicitaron expresamente que sus nombres fueran protegidos. Una de ellas solicitó no revelar su identidad para denunciar a una persona que, “efectivamente carece de credibilidad, pero que finalmente sigue teniendo contactos influyentes”.

“La solicitud anterior no va en detrimento de mi compromiso con el caso y por el contrario estaré dispuesta a seguir colaborando con la investigación y con las autoridades competentes que requieran mi testimonio o mayores pruebas”, agregó. Respetando la voluntad de esta médico veterinaria, hemos decidido proteger la identidad de las dos médicas que trabajaron para la Fundación Bioandina a cargo de Orlando Feliciano, no sin antes aclarar que Natural Press tiene pleno conocimiento de sus identidades.

Sandra*, es médica veterinaria y trabajó con Orlando Feliciano en el año 2007 y 2008 en los dos centros de recepción. Su relato incluye las pruebas de sus denuncias.

Cuando Sandra inició su trabajo con Orlando Feliciano, el centro de recepción de Mesitas del Colegio estaba en construcción. “Yo entré creyendo en él, me mostró que todo estaba en obra, que todo iba a mejorar, que estaba montando una clínica en Mesitas del Colegio, me vendió un centro de rehabilitación futurista, pero fueron pasando los meses y me di cuenta que invertía todo su dinero en otras cosas pero nunca en el cambio de las estructuras para los animales”.

“Veía cómo invertía todo el dinero que podría destinar al centro de rehabilitación, en la casa que estaba construyendo para él y su familia mientras que los encierros de los animales estaban hechos con residuos de construcción”, Sandra*

Según la veterinaria, “existen protocolos que indican cuáles deben ser las mínimas condiciones técnicas de los encierros de las diferentes especies”; sin embargo, los espacios en los que Feliciano tenía recluidos los animales tenían más aspecto de mazmorras que de encierros para la rehabilitación de especies que debían ser devueltas a la vida silvestre.

“Yo le advertí varias veces que esto estaba mal porque los encierros quedaban con chuzos (puntillas, clavos y alambres) con los que los animales se podían lastimar”, pero para la veterinaria las respuestas de Feliciano “eran muy frustrantes, Orlando sólo respondía: ‘esto es momentáneo, esto va a mejorar’, pero mientras yo estuve ahí, estrenó carro varias veces pero las condiciones de los encierros no mejoraron nunca”, afirma Sandra.

La veterinaria Marcela* y la bióloga Paola Gómez también trabajaron para Feliciano pero en años posteriores, en los Centros de Rehabilitación de Fauna, propiedad de Orlando Feliciano.

Las dos le dijeron a Natural Press que entregaron sus testimonios porque están “cansadas de ver cómo se sigue exaltando la labor del veterinario sin que se conozca la realidad de lo que sucede al interior de esos Centros de Rehabilitación de Fauna”.

Las profesionales advierten que no se debe hablar de centros de rehabilitación cuando en los lugares eso no se hace; explican cómo existe explotación laboral, aprovechándose del amor hacia los animales que sienten quienes han trabajado en ambos centros de captación de animales y de los que siguen trabajando. Recuerdan todos los riesgos a los que estuvieron sometidas y siguen estando expuestos quienes son empleados de Feliciano pero lo más grave e imperdonable, para Gómez y Marcela es “el sufrimiento de los animales indefensos, las condiciones indignas a las que los somete, siendo animales victimas de tráfico y maltrato, que vienen de experiencias traumáticas y deberían llegar a un lugar donde se les brinde bienestar físico y mental”, según las palabras de Paola Gómez.

Gómez, quien trabajó para Feliciano en los centros de recepción durante el año 2013, explica las deplorables condiciones de las aves que se encontraban confinadas en el sitio y añade que no tenían un lugar donde hacer rehabilitación de vuelo (espacios destinados a la ejercitación de vuelo de las aves) “porque la jaula en donde estaban embutidas un montón de loras y guacamayas, que incluso no tendrían por qué estar hacinadas, supuestamente eran las jaulas de vuelo pero se convirtieron en jaulas de tenencia porque no había dónde más meter animales”.

Por contratos millonarios, Feliciano recibía animales provenientes de las Corporaciones Autónomas que pagaban para el cuidado, enriquecimiento de ambientes y rehabilitación de ejemplares victimas del tráfico y decomiso o entrega voluntaria pero realmente no tenía las condiciones de espacio para tenerlos en buen estado.

Tan inadecuadas serían las condiciones de los encierros de las guacamayas en el centro de rehabilitación de Mesitas del Colegio, que a pesar de las solicitudes de los profesionales a través de informes para el cambio de las estructuras sostenidas con madera podrida, “el encierro se cayó, afortunadamente no se murió ninguna lora pero hubiera podido ser terrible” explica la bióloga.

“El sufrimiento de los animales indefensos, las condiciones indignas a las que los somete, siendo animales victimas de tráfico y maltrato, que vienen de experiencias traumáticas y deberían llegar a un lugar donde se les brinde bienestar físico y mental”

Marcela, médica veterinaria quien trabajó con Feliciano durante el año 2015, enfatiza en el estado de los recintos de los animales y las condiciones sórdidas, miserables y tortuosas.

Animales que se auto infringen lesiones producto del estrés que podría minimizarse si se hiciera acondicionamiento ambiental en los recintos, amputaciones que ellos mismos se provocan, ataques entre ellos hasta provocarse la muerte e incluso ataques de depredadores silvestres de la zona a aquellos que eran atendidos en el Centro de Recepción y escapes de algunos animales, todo esto ocasionado por las deplorables condiciones de los encierros.

La veterinaria cuenta como los cusumbos (Nasua nasua) estaban en recintos “de un metro cúbico (de tamaño), sin absolutamente nada de enriquecimiento, nadie les hacía aseo por el peligro que representaba meterse en esa zona y caminaban, dormían y vivían en medio de la comida en descomposición y de los excrementos”, afirma.

Marcela recuerda con indignación cuando tuvieron en el centro un venado con una enfermedad infecciosa, de reporte obligatorio al ICA (Instituto Colombiano Agropecuario) “y lo que se tenía que hacer era aislar al animal. Los hechos ocurrieron en el Centro de Recepción de Mesitas del Colegio, donde no hay zona de aislamiento para enfermedades infecciosas y nos tocó meterlo dentro de uno de los baños que estaban dispuestos para las visitas porque no había dónde aislarlo, tuvimos que tomar esa decisión porque nos dio miedo que se contagiaran los demás venados de la periferia”.

La decisión a la que se vio obligada la veterinaria estuvo motivada por las indignas condiciones a las que son sometidos los animales que Feliciano tiene a su cargo, a pesar de los multimillonarios contratos que obtiene.

Reproducción en cautiverio, amputación y muerte

Estos Centros de Recepción, Valoración y Rehabilitación de Fauna Silvestre se supone que están concebidos para rehabilitar animales hasta lograr que sean aptos para la liberación cuando sus condiciones particulares lo permitan, pero de ninguna manera como un zoo criadero en el que los animales se reproduzcan y nazcan camadas padeciendo el encierro. Sin embargo, la bióloga Gómez advierte que en dos oportunidades nacieron crías de ocelotes “por más que le pedimos que separara la hembra del macho, dijo que no, que no importaba que siguieran teniendo crías”. La bióloga nunca entendió la decisión del veterinario.

“Lamentablemente la hembra de ocelote rechazó las camadas y yo tuve que ir a comprar la leche, el tetero, la medicina para poderlos mantener, todo salió de mi bolsillo, pero nunca me pagó ese dinero”, agrega Paola.

Sandra afirma que presenció amputaciones de micos por el estrés, “ellos se mordían las manos y se quitaban los dedos, las fotos lo confirman”, sin duda este tipo de hechos se habrían podido evitar si se contara con las instalaciones técnicamente adecuadas para recluir animales silvestres y sobre todo, si los animales no fueran sometidos a tratos crueles y tortuosos.

En referencia a los primates, Paola narra cómo fue víctima de un ataque debido a la precariedad de los encierros que carecían de área de manejo, como técnicamente se requiere e incluso como algunos de los contratos celebrados lo exigen.

Los biólogos y veterinarios debían ingresar al mismo espacio con los animales confinados, explica la bióloga. “Como los primates eran maltratados, odiaban a los humanos, una vez entré al recinto y sufrí el ataque de cuatro micos, yo creo que sobreviví de milagro”.

Gómez reconoce su error al ingresar al encierro con los animales, sin embargo, Marcela y Sandra coinciden en que ese tipo de errores son inducidos por la ausencia de un área de manejo en los encierros y la falta de personal para asistir ese tipo de procedimientos, las dos veterinarias convienen en afirmar que eso no sólo le pasó a Paola, muchas otras personas sufrieron ese tipo de ataques.

Pero no sólo a los profesionales los agredieron los animales, “en dos ocasiones atacaron a uno de los trabajadores, le lesionaron las manos, se las volvieron nada” explica Paola, “fue el churuco macho, quien lo atacó”.

El empleado del centro no tenía ARL (Administradora de Riesgos Laborales) y tampoco pago de salud y pensión, según él mismo se lo hizo saber a la Bióloga. “A mí me tocó pagarle la cita privada en dos ocasiones para que fuera, porque sin pago de seguridad social no lo atendían en el hospital”. Pero Orlando Feliciano se desentendía de esas situaciones  “y no daba ni las gracias, obviamente, tampoco me pagó”. Pero lo que me parecía más grave explica la bióloga, “era tener un trabajador expuesto a un alto nivel de riesgo sin prestaciones sociales, sin ARL, salud y pensión”, narra Gómez con indignación.

“Siempre le dijimos que el cuarto de procedimientos necesitaba que le pusiera vidrios a las ventanas, pero nunca lo hizo, sólo tenía una polisombra de color verde que cubría el hueco y que hasta hace unos años se mantenía”, afirma Marcela.

Sala de procedimientos sin ventanas, protegida sólo por una polisombra que representa un alto riesgo de escape para los animales

Reiterando los testimonios de Gómez, Sandra afirma que “claramente era peligroso, cualquier animal podría escaparse, pero él nunca solucionó ese problema”.

El equipo periodístico de Natural Press en su visita pudo corroborar que casi 10 años después, el hueco de la ventana sigue tapado con una polisombra y que la ventana aún no tiene vidrio.

Por su parte Marcela, quien también alza su voz para denunciar la realidad oculta detrás del halo del ‘Héroe Al Rescate Animal’, afirma que, “cómo serían de precarias las condiciones de trabajo que el ‘campo quirúrgico’ que se utilizaba, no contaba con las mínimas condiciones de higiene y salubridad, en lugar de usar los implementos adecuados, empleaban bolsas de basura para los procedimientos quirúrgicos de los animales, esto era inaceptable”. (Las evidencias de este procedimiento las podrá observar en la siguiente galería de fotos)

El campo quirúrgico es aquel espacio estéril, aquella región que rodea la incisión quirúrgica y que, por ende, debe estar libre de cualquier microorganismo que pudiera ocasionar alguna infección. Pues bien, en el Centro de Recepción que ha percibido multimillonarios contratos por parte de entidades del estado, los campos quirúrgicos eran con bolsas de basura.

*Dale click a cada imagen para leer su descripicón.

Es inaceptable que “a los micos les salieran yagas en las manos y en los pies porque las tablas (de las jaulas) estaban podridas o sucias y se infectaban, sufrían de dermatitis”, señala Paola Gómez.

El aseo en los encierros es otra de las graves condiciones a las que se somete a los animales bajo la responsabilidad de cuidado de Feliciano. La bióloga advierte que “no se hacía una buena limpieza, sólo con una manguera a presión se sacaba la fruta sobrante y el excremento de los animales y las tablas quedaban resbalosas, las estructuras que se hacían era para que nadie pudiera entrar”.

Sandra explica que las aberturas de las jaulas eran de un tamaño suficiente para que entraran los micos pero no para que entrara un humano a hacerle aseo apropiado al encierro, por tanto no se cepillaban ni se barrían adecuadamente.

Los convenios millonarios del conservacionista

El mayor aportante para el funcionamiento de los Centros de Recepción, Valoración y Rehabilitación de Fauna Silvestre que Feliciano tiene en los municipios de Mesitas del Colegio y Guasca, fue la CAR Cundinamarca. $3.331.162.294 millones de pesos en apenas siete años hace parte de los convenios entre la CAR y la Fundación Bioandina, suma de dinero con la que se esperaba que los animales al menos contaran con las mínimas condiciones para que su encierro y recuperación fueran al menos dignas, pero al parecer nunca ha sido suficiente.

Pero no sólo la CAR Cundinamarca celebró multimillonarios convenios con la organización sin ánimo de lucro, Corpoguavio también ha sido uno de los grandes benefactores de Feliciano, contratos celebrados por más de 700 millones de pesos y si se suman los contratos celebrados por la CAR Cundinamarca, Corpoguavio y el Acueducto de Bogotá, la cifra sobrepasa los $4.000 millones de pesos en contratos celebrados desde el año 2007 hasta el 2019. Esto sin contar los contratos con otras entidades del estado, organizaciones y empresas privadas que ven la labor desempeñada por el veterinario como loable y filantrópica.

Entre las propiedades de Orlando Feliciano, se registra una reserva de cuatro lotes y un total de 54 hectáreas ubicadas en Guasca Cundinamarca, jurisdicción de Corpoguavio e inscritas ante el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y registrada en el RUNAP de Parques Nacionales Naturales como la Reserva la Sociedad Civil “El Páramo”.

Sin embargo en una reciente entrevistas realizada al conservacionista, publicada en la edición de Febrero y Marzo de la revista BOCAS de El Tiempo ante la pregunta: ¿De qué vive una persona que se dedica a la conservación de fauna silvestre?

Feliciano contesta “¡De milagro!, no, mentiras” y explica: “Pues, de varias cosas. En mi caso, de mis trabajos con otras entidades” y menciona las organizaciones como el Parque Jaime Duque (Bioparque Wakatá), donantes y amigos que lo han ayudado con su loable y responsable causa.

Reserva de la Sociedad Civil "El Páramo", conformada por cuatro predios en 54 hectáreas, propiedad de Orlando Feliciano
Reserva de la Sociedad Civil "El Páramo", conformada por cuatro predios en 54 hectáreas, propiedad de Orlando Feliciano

En la misma entrevista concedida a la revista BOCAS, habla del desinterés de las instituciones por la conservación. La periodista Mónica Diago le pregunta: “¿Cuál es el mayor enemigo de un hombre dedicado a la conservación?”, a lo que Feliciano contesta: “El sistema. La desidia institucional. Uno ve que falta muchísimo interés, que hay temas a los que se les presta tanta atención innecesaria, pero a necesidades tan básicas como el equilibrio en la naturaleza, no. Para eso no hay inversión. Desafortunadamente, el mayor peligro es esa soledad institucional a la que hemos sido sometidos los que hacemos conservación. Los animales que protegemos se vuelven entonces propios: los cóndores de Orlando, los osos de Daniel, la tingua de Fernando, pero deberíamos hablar de los cóndores del país: ¡la fauna del país!”.

A pesar de lo declarado en la entrevista, el profesional ha sido uno de los afortunados conservacionistas en recibir dineros públicos, adiciones presupuestales y aportes para proteger y rehabilitar la fauna por más de 4.000 millones de pesos, dejando de invertir los recursos que se le han asignados para la rehabilitación de la fauna en Colombia, de acuerdo a los testimonios de sus ex empleados y las evidencias recogidas por Natural Press. ¿Acaso más de 4.000 millones son soledad institucional?

Las inversiones que debía hacer por obligaciones contractuales y que beneficiaban su espacio privado para la tenencia de fauna no se hicieron según lo comprueban las evidencias entregadas por sus trabajadores y las imágenes captadas por Natural Press en el Centro de recepción de Mesitas del Colegio Cundinamarca.

Durante la visita de Natural Press al centro de recepción de Mesitas del Colegio, evidenciamos un hacinamiento de diferentes especies de animales, especialmente de los primates y las pésimas condiciones de los encierros, mallas oxidadas, materiales podridos, techos a punto de derrumbarse y en algunos casos, lo que los biólogos llaman técnicamente, “comportamientos aberrantes” por parte de algunos monos.

Animales recluidos en las oficinas y reducidos a espacios como guacales en mal estado porque según la veterinaria que atendió la visita “no había dónde meterlos”, al indagar por la capacidad de carga, es decir, la capacidad de alojamiento que tenía el Centro de Recepción, la veterinaria no supo contestar a la pregunta que se le hizo cuando indagamos la razón por la cual, seguían recibiendo animales sin las condiciones y el espacio donde albergarlos.

La profesional que atendió nuestra visita fue insistente en que recibió la orden directa del mismo Feliciano de restringirnos el acceso a ciertas áreas en las que están confinados algunos animales, por lo cual el recorrido se limitó a una pequeña porción del Centro de Recepción.

De borracheras y armas de fuego

Sandra incluyó en su relato un episodio en el que Rafael, administrador de la finca, nuevamente en estado de embriaguez, baleo un perro de la zona por haberle ladrado. Los vecinos llamaron a la veterinaria para que ayudará al animal, quien debió esconderse del trabajador, dirigirse a una casa abandonada cerca al centro de recepción y extraerle las balas al animal. “El lugar no tenía luz, así que usamos las linternas de los celulares para poder ayudar al perro que lloraba del dolor y al tiempo nos teníamos que esconder de Rafael porque estaba decidido a matar al perro”, afirma la veterinaria “Al final pudimos salvarle la vida al animal”, concluye Sandra.

Animales que se morían de hambre

Coinciden las denunciantes al afirmar que otro tema lamentable era el de la alimentación de los animales. Sandra sustenta que “varias veces Feliciano le decía que ya iba llegando con la comida para los animales pero no llegaba, pasaban dos o tres días y los animales no tenían que comer y entre los que estábamos ahí, más de una vez nos tocó sacar de nuestro propio bolsillo para comprarles alimentos”.

En algunas oportunidades, no siempre, Feliciano pagaba lo adeudado, “pero eso era cuando lo presionaba para que me pagara lo que yo me había gastado dándole de comer a los animales, pero si no era juicioso con el pago de nuestro salario, mucho menos me iba a pagar la comida”.

Pero más grave aún fue aquella vez, recuerda Sandra, cuando el veterinario dio la orden de darle la fruta descompuesta a los animales sino él no llegaba a tiempo con al comida fresca.

Las fotografías a continuación fueron suministradas, algunas por las veterinarias, otras por la bióloga y reflejan el estado de la fruta en descomposición suministrada en algunas ocasiones a los animales.

“En un informe yo escribí que había ocurrido una mortandad de guacamayas como consecuencia del estrés producido por la falta de comida y que algunos primates se agredían entre ellos por conseguir los escasos pedazos de fruta que encontraban en los recintos”.

Claramente afectada, Sandra agrega que esto lo reportó, pero “cuando le pasé los informes en formato PDF, para evitar que los alterara, me exigió que debía pasarlos en Word porque él debía agregar ciertas cosas. Yo empecé a sospechar, no me consta que lo haya modificado, pero dudo mucho que Feliciano le haya pasado un informe con la verdad a la CAR Cundinamarca, que le pagaba por mantener en buen estado los animales”.

Pero las irregularidades en los informes no sólo se limitan a omitir información clave para la Autoridad Ambiental, Sandra afirma que vio un cuadro de costos en el que Feliciano informaba de un pago equivalente al doble de su salario, pero ella no recibía ese monto.

Esto no sólo le pasó a Sandra, también a Marcela, quien trabajó varios años después, denunció exactamente lo mismo, “conmigo la cuestión fue más descarada, él mismo me dijo que el valor que figuraba en el contrato no correspondería realmente a mi pago, pues de allí tenía que sacar una partida para el pago de los otros profesionales”, afirma que le explicó Feliciano.

“En un informe yo escribí que había ocurrido una mortandad de guacamayas como consecuencia del estrés producido por la falta de comida y que algunos primates se agredían entre ellos por conseguir los escasos pedazos de fruta que encontraban en los recintos”

“El alimento regular de los carnívoros era patas, hígado y pescuezos de pollo, eventualmente y luego de gran insistencia, se lograba dar presa vivía a los carnívoros, pero luego pasaba un gran periodo nuevamente sólo con vísceras y pescuezos, por lo que, principalmente los felinos duraban días rechazando este alimento al no ser las partes de las presas que consumen en vida silvestre”, según lo afirma Marcela.

Por su parte, la bióloga explica que “ningún animal tenía una dieta balanceada, los alimentadores armaban las porciones a su criterio, los frugívoros recibían siempre la misma fruta, sin complementos nutricionales, semillas, insectos o proteína animal en proporciones adecuadas”.

“Cuando el equipo de profesionales pedía a los alimentadores seguir las proporciones indicadas, no lo hacían porque decían que siempre se había hecho así, que nadie los había autorizado para eso e incluso el administrador, el señor Rafael, mencionaba que dichos requerimientos eran caprichos del personal”, afirma Paola Gómez.

Sandra, por su parte, también recuerda que Feliciano daba la orden de no alimentar a las serpientes venenosas que estaban en el Centro y cuando la veterinaria lo cuestionó sobre el tema, el director de Bioandina le respondió que “su contrato era simplemente recibir la fauna”, según lo narra la misma veterinaria.

Esta versión la confirma la veterinaria de vida silvestre Marcela quien narra que fue eso lo que desencadenó su renuncia, cuando recibió una cascabel que venía incautada de un culebrero. “Yo estaba segura que a ese animal le habían amputado los colmillos, entonces le hice el examen clínico, cuando le reporté a Feliciano que ese animal requería una alimentación forzada porque era incapaz de cazar, se puso furioso y me trató muy mal, me gritó que yo quién era, que él había dado la orden de que a esa serpiente no se le podía tocar porque era un riesgo para nosotros porque en el Centro no contaban con sueros antiofídicos”.

Más que proteger a sus empelados, se evidencia la carencia de recursos para sostener el centro con todas las condiciones necesarias y obligatorias de bienestar laboral y animal.

La veterinaria Marcela se pregunta “¿cómo se atreve a recibir serpientes venenosas si no tiene sueros antiofídicos?, nos estaba poniendo en riesgo absolutamente a todos. Entonces, el manejo que se le daba a cualquier culebra que llegaba allá era: tome la serpiente, venenosa o no venenosa y métala en una caneca y olvídese del animal”.

Agrega que ella no podía permitir esa situación y que procedió, a hacer el contacto directo con una fundación dedicada al estudio de estos reptiles y su director aceptó hacerse cargo de alimentar esos animales como un favor por amor a ellos.

Un futuro prometedor para 600 animales

Natural Press realizó una consulta en el SECOP, página de contratación de entidades estatales en Colombia y confirmó que desde el año 2017, la CAR Cundinamarca no volvió a realizar ningún convenio con la Fundación Bioandina y su representante legal, Orlando Feliciano, contrario a la Corporación Autónoma Regional del Guavio con quien ha seguido percibiendo recursos públicos.

Actualmente es recurrente ver al veterinario pidiendo aportes en medios de comunicación nacionales e internacionales.

En 2019 el destino de 600 animales cambió gracias a la construcción de un Centro de Recepción, Valoración y Rehabilitación de Fauna Silvestre por parte de la CAR Cundinamarca quien recuperó en su totalidad, los especímenes que estaban en manos del Veterinario.

“El Centro de Atención y Valoración de fauna silvestre, tiene una capacidad para albergar a unos dos mil animales. Allí hacen su proceso de rehabilitación para luego ser liberados”, afirmó Carlos Bello, director de Evaluación, Seguimiento y Control Ambiental de la CAR.

“El Centro de Atención y Valoración de fauna silvestre, tiene una capacidad para albergar a unos dos mil animales. Allí hacen su proceso de rehabilitación para luego ser liberados”

Sólo en el año 2020, el CAV de la CAR Cundinamarca ha recibido 556 animales víctimas de tráfico y tenencia ilegal, atropellamientos y entregas voluntarias, de ellos, 228 ya han sido rehabilitados y liberados a la vida silvestre en apenas ocho meses corridos del presente año.

Por su parte Corpoguavio informa que en poder de Bioandina se encuentran 19 animales en proceso de rehabilitación para su posterior liberación y que el más reciente aporte de dineros públicos se hizo a través de un contrato de prestación de servicios firmado en septiembre de 2019.

Han sido tantas las denuncias y de tal gravedad que en Natural Press nos vemos obligados a realizar una segunda entrega de esta investigación.

En el siguiente informe conoceremos la realidad de los osos andinos y otros animales que sufren condiciones tortuosas en lo que el conservacionista ha llamado un santuario del oso andino, ubicado en el municipio de Guasca Cundinamarca cercano al Parque Nacional Chingaza.

Orlando Feliciano, ¿de héroe del rescate animal, a verdugo de la conservación en Colombia?

Es importante añadir a esta investigación, que con el propósito de contrastar las fuentes y en aras del equilibrio informativo, intentamos contactar en repetidas ocasiones al Veterinario Orlando Feliciano a través de los canales oficiales que ha usado en los medios para recibir donaciones y a pesar de que sabemos que recibió los mensajes, se negó a contestar la solicitud de Natural Press para ofrecer sus puntos de vista.

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3 thoughts on “El verdugo de la conservación en Colombia

  1. Gabriela dice:

    Buenas tardes, hay alguna forma de comentar públicamente el contenido de este blog? toda historia tiene sus versiones y claramente su forma de tergiversarlas, es fácil criticar si solo se toma una parte de la historia, de corazón y sinceramente, pésimo periodismo, mentiroso y conveniente.

  2. Adonai Rodriguez dice:

    4.000 millones en 12 años es igual a 27 millones por mes. Para pagar a un medico veterinario muy proximo a ser Doctor, con experiencia y conocimiento, mas los empleados que se contararn entre contadores, abogados, veterinarios y algunos trabajadores: mas alimentacion de los animales, mas inversion y mantenimiento de instalaciones? Y todavia se habla de malversacion de fondos? Que clase de periodismo es ese que es capaz de acabar con la vida y honra de un profesional sin antes hacer las minimas cuentas? Por favor no sean injustos!!!

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