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Lo bueno, lo malo y lo feo

Adelantar esta investigación no fue tarea fácil, si bien parece ser sencillo cuando se cuenta con tan numerosos testimonios de cada una de las personas interesadas en desnudar la realidad narrada, acompañadas de decenas de fotografías, contratos, adiciones presupuestales e incluso informes oficiales enviados a las autoridades, hubo otros, varios, testimonios que no pudimos publicar por tratarse de funcionarios del Estado que temen a represalias por parte de las instituciones para las que laboran, pero que “Algo huele mal en Dinamarca”, eso dificultó un poco el desarrollo de esta investigación que habría sido mucho más cruda sin la autocensura impuesta por estos funcionarios . De ahí se desprende lo bueno, lo malo y lo feo.

Otra de las dificultades que esta investigación tuvo que enfrentar fueron las presiones externas que pretendían un viraje, en algunos casos, una retractación, en otros e incluso, silencios informativos.

Lo bueno

Casi una decena de exempleados de la Fundación Bioandina que prestaron sus servicios profesionales en diferentes años de existencia coinciden en múltiples hechos que a sus ojos son reprobables. Fuentes inconexas que a través de más de una década evidenciaron todo lo que a través de esta investigación han denunciado no puede ser una simple coincidencia.

Esas personas que trabajaron con Feliciano durante diferentes periodos de tiempo y que narran pavorosas vivencias, algunos rompiendo en llanto al recordar lo que sucedía a los animales en esos sitios, han despertado y cobrado valor a través de los años para contar sus historias y Natural Press ha servido de vehículo para hacerlo.

Esa primera entrega de esta investigación logró llamar la atención de personas interesadas que en Colombia las cosas cambien, mejoren y en que las falencias actuales se conviertan en oportunidades de mejoría. La concejal de Bogotá Andrea Padilla y el representante a la cámara Juan Carlos Losada decidieron ponerle frente a esta situación y enterarse en profundidad enviando solicitudes de información más precisa a las diferentes entidades y poniendo en conocimiento de las presuntas irregularidades a los organismos de control.

Cientos de personas se han unido al clamor de una revisión en referencia a este caso en particular, pero han elevado la voz señalando otras instituciones, organizaciones y personas en donde también se presume que el trabajo no está bien hecho, muchos han coincidido en señalar que Natural Press sólo visibilizó ‘la punta del iceberg’, pero que gracias a ello, muchos otros estarán en problemas si las autoridades husmean la realidad.

Pero sin duda alguna, lo más importante, de “Lo Bueno” de esta investigación es que el país puso la lupa sobre los animales, sobre el verdadero estado de quienes han sido víctimas de tráfico, atropellamientos o decomisos entre otras razones que los conducen a sitios como la Fundación Bioandina. Se puso en evidencia que el único problema no es el señor Orlando Feliciano dirigiendo organizaciones como la Fundación Bioandina, es claro que el problema subyace de la inoperancia, incompetencia, ineficiencia e indolencia de las entidades del estado encabezadas por personas que en muchos casos, no en todos, lo único que pretenden es esconder las problemáticas para evadir su responsabilidad de atenderlas y en ese camino se funden la omisión y la complicidad.

Una biodiversidad más sana es una garantía de un país en paz, productivo, enriquecido social, cultural, económica y ambientalmente. Esa es una infame deuda histórica que la institucionalidad del país tiene y que quedó desnuda ante los ojos de los lectores con este informe.

Lo Malo

Sin duda alguna sabíamos en ‘el toro en que nos estábamos montando’ cuando iniciamos esta investigación. Una persona tan reconocida como el veterinario Feliciano, amigo de personalidades distinguidas del exclusivo mundo institucional ambiental en Colombia, destacado por diferentes premios y laureles, beneficiario de multimillonarios contratos por parte de diversas entidades del estado, suponía una oposición férrea.

Sin embargo, jamás esperamos que personalidades de las altas esferas de la institucionalidad ambiental colombiana se atrevieran a intentar intimidar a dos periodistas, que están en condición de refugio en otro país, por no haber cedido a las amenazas que pretendían silenciarnos en Colombia.

Una llamada recibida por quien firma esta nota editorial, en donde no se plasma nada de la investigación más que mi propia opinión, fue francamente sorprendente al cuestionar la manera como habíamos publicado la primera entrega sin contar con la voz de Orlando Feliciano a quien en repetidas ocasiones y por diferentes medios, directa e indirectamente se le solicitó que concediera, a manera de explicación, su testimonio para contrastar la información.

Cuestionar al periodismo está bien, no tragar entero con cada cosa que se publique está mejor, decidir si creer o no creer en las evidencias presentadas es el objetivo del periodismo, dejar en libertad al lector para que saque sus juicios propios, sin embargo, intentar interferir con una investigación periodística afirmando con tono imperativo que no se debería haber publicado, es un atrevimiento y una afrenta imperdonable contra la libertad de prensa.

Guardar una investigación así como lo han pretendido varios personajes en el país por el simple hecho de evitar afectar la imagen de un conservacionista de gran reconocimiento y guardar silencio frente a las denuncias de quienes sienten que el país necesita cambiar, está lejano de la verdadera labor del periodista, el simple hecho de ser un personaje público con manejo sobre el presupuesto del Estado nos llama por ética a investigar y dar a conocer una realidad de un sector que también como en todos tiene altos niveles de corrupción.

Por supuesto si ese es el comportamiento de los funcionarios del estado que ocupan altas dignidades, qué se podría haber esperado del propio Feliciano y de sus amigos. Amenazas y ultimátum en redes sociales a través de un documento de la Fundación Bioandina firmado por el veterinario, que en definitiva no dice nada, la sentencia de retractación o de interponer acciones judiciales en nuestra contra.

No sólo no nos retractamos, nos preguntamos, ¿de qué querrá que nos retractemos?, si como periodistas no hemos hecho más que nuestro trabajo amparado constitucionalmente por la libertad de prensa sin acusar a nadie de haber cometido delito alguno, simplemente hemos publicado las evidencias aportadas por personas que han dado su testimonio libremente sobre su percepción de lo que sucedió durante años en los sitios que Feliciano dirige y que también lo harán ante la justicia con todas las pruebas en la mano.

Bienvenidas sean todas las acciones judiciales que se quieran interponer, cada quién tendrá que dar las explicaciones a que haya lugar, algunos tendrán muchas más cosas qué explicar, que otros.

La pregunta de quienes hoy defienden al conservacionista no puede ser ¿Y por qué no publicaron antes? La respuesta que damos es, porque sólo hasta este momento, los valientes se cansaron de ver que todo lo que algún día les prometieron a favor de los animales nunca se cumplió y las presuntas irregularidades se mantienen.

Todavía quedan dos pumas , 9 osos, venados y muchos otros animales en manos de quien presuntamente no hace la tarea, pero sigue manejando recursos públicos con la complicidad de quienes deben controlar su actividad.

Algunos amigos de Feliciano han sido, a diferencia de lo anterior, respetuosos y nos han abordado para preguntar temas puntuales, para narrarnos historias, algunas conmovedoras, otras simplemente anecdóticas, tres de ellos lo hicieron, Mauricio Rojas, Juan Carlos Isaza y Javier Torres cuestionaron la publicación y en un tono amable, respetuoso y decente pretendieron saber si existía alguna especie de complot montado por diferentes actores en contra de Feliciano, incuso alguno de ellos refirió un viejo problema que el veterinario tiene con un concejal de Guasca, a lo que nosotros respondimos que, no es del resorte de la investigación ni ha sido, ni nunca será nuestra intención hacer daño alguno a Feliciano.

El único que quiso ofrecer su testimonio a favor de Feliciano fue Juan Carlos Isaza, el director de la Fundación Natibo y quien lo condecoró con el título de “Héroe Al Rescate Animal”, Rojas y Torres se negaron a concedernos entrevista formal para poder ser publicada, es por eso que nos abstenemos de publicar el contenido de las conversaciones con ellos, tanto como aquellas sostenidas con funcionarios públicos, porque no son entrevistas, son conversaciones informales.

Pero lo peor de “Lo Malo” de esta investigación, es que la totalidad de las personas que no estuvieron de acuerdo con lo denunciado por los profesionales y publicado por Natural Press, coincidieron con la frase “pobrecito Feliciano”, pero nadie, ninguno de ellos dijo “pobrecitos los animales”, al parecer en el mundo ambiental censuramos y condenamos que las reglas no se apliquen, sólo hasta cuando se las aplican a nuestros amigos. A tal punto que cuando mencionamos el tema de la dignidad animal, Isaza contestó que la dignidad era un concepto humano y no animal, por supuesto no podríamos hablar de “condiciones infrahumanas”, sin embargo, los animales, en nuestra opinión personal, sí merecen “condiciones dignas”.

Fue importante haber llegado al fondo de un tema por el que pasaron  periodistas colombianos y de otros lugares del mundo que nunca se preguntaron por qué un conservacionista tenía tantos osos que la mayoría de ellos nunca pudieron ver con el argumento del estado de rehabilitación de los mismos, sin que nadie sospechara o simplemente se interesara o preguntara por la historia de cada uno ellos y su destino.

Cientos de historias describieron lo que su fuente les dijo sin confirmar si era o no cierto y pasaron años para que hoy se conociera parte de la realidad que todavía muchos se niegan a creer, o simplemente pasan la página porque su diario escribió bien de Orlando Feliciano.

Parece que hubiéramos violado un pacto de silencio tácito en el sector ambiental porque algunos, parecería que algunos consideran muy reprochable que hayamos corrido el velo sobre uno de sus hijos predilectos, uno de esos que asiste a los eventos y se da palmaditas en la espalda con los grandes señores y señoras de la conservación, un héroe y titán. Pero sin duda, si el sector lo que necesita es más jaboneros y menos periodistas, que busquen en otro medio de comunicación.

Lo feo

Los amigos vergonzantes que dejó la primera entrega de esta investigación fue algo que nos sorprendió, muchos de ellos conocen de tiempo atrás, de años atrás, todo lo que presuntamente sucedía en los CAVR de la Fundación Bioandina e incluso conocen lo que sucede en otras instituciones dedicadas al cuidado y rehabilitación animal, sin embargo, ninguno de ellos quiso arrimarse a Natural Press, “no al menos hasta que baje la marea”, decían algunos.

Esta actitud es lo que clásicamente conocemos como “hacernos los locos” cuando alguien está siendo agredido en la calle o cuando el vecino le pega a su mujer, sin denuncia la situación no cambia. Desde mi tribuna como periodista rechazo toda manifestación de cobardía y esa mentalidad de: “que denuncie otro, yo no me meto en problemas”.

Entendimos que publicar una investigación que deja al descubierto y sin capa y sin máscara a un súper Héroe, es algo incómodo en Colombia, sin embargo, hasta el día en que como colombianos nos unamos en torno al cumplimiento de la ley y las normas sin hacer excepciones para nuestros amigos ni radicalizarlas para nuestros enemigos, podremos gozar de un país justo.

Muy feo es la imposibilidad de acceder a información oficial verídica, las demostradas artimañas y mentiras emanadas de algunas de las autoridades ambientales son lamentables, pues dejan constancia, no sólo de la falta de seguimiento, vigilancia y control sobre los regulados en el país, deja un tufo de complicidad en el ambiente, en el sector del Medio Ambiente.

De otra parte, el abandono total por parte de algunas de las Corporaciones Autónomas Regionales, no sólo a los animales que entregan, también a las organizaciones, instituciones y fundaciones que se hacen cargo de estos animales que hacen parte del patrimonio natural de la nación. Dejemos algo en claro, la biodiversidad es parte de ese patrimonio y como tal, es responsabilidad del estado, no puede ser que las instituciones de este estado colombiano se limiten cómodamente a delegar en privados el cuidado de la fauna silvestre y mucho menos a que sometan a esos privados, en este caso Feliciano, a verse obligado a rebuscar los recursos económicos para su manutención.

El problema inicia del estado, de sus instituciones pícaras y paquidérmicas que se dan mañas para ‘escurrir el bulto’ de la responsabilidad en terceros. Algunas suscriben convenios y contratos con esos terceros a quienes evidentemente ni vigilan ni controlan, pero otras dejan pasar décadas sin responder por sus obligaciones, funcionan como las deudas de los borrachos en las cantinas, que al dejar envejecer las deudas, estas desaparecen. Pues resulta que Colombia no es una gran cantina y las Corporaciones Autónomas Regionales no deberían comportarse como los borrachos de deudas históricas.

El problema es de raíz, de institucionalidad, de responsabilidad estatal, al igual que no desaparece una bolsa de basura por ser arrojada al río, tampoco desaparece la fauna silvestre en rehabilitación por haber sido abandonada a su suerte.

Colofón

Natural Press es un medio de comunicación que no recibe pauta publicitaria, que se mantiene con donaciones voluntarias de sus lectores y que no responde a ningún grupo económico ni a sector político alguno, es así y sólo así, como logramos mantener una independencia absoluta en el ejercicio del periodismo ambiental.

Esta investigación, como todas las anteriores que hemos publicado en el pasado, temas como El Quimbo, La Guajira, el Puerto de Cispatá, La Colosa, los Líderes Asesinados, los Incendios en Guaviare y tantas otras, nos han costado mucho y las hemos adelantado con un único propósito: develar la verdad, entregar información rigurosa y certera de manera oportuna para que tanto la comunidad como los tomadores de decisiones puedan llegar a sus propias conclusiones.

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